Alemania, inicio del último tramo de estudios de Gonzalo, futuro ingeniero civil

El alumno de la Universidad Teconlógica Nacional de Concepción del Uruguay habló de su experiencia en Bochum, la ciudad alemana en la que pasó seis meses tras acceder a una beca. Un premio al mérito, que le permitió capacitarse en uno de los centros de estudios más importantes del mundo. Una historia al esfuerzo personal.

 

 

El Programa UTN – DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico) otorga becas a estudiantes de carreras de Ingeniería de UTN, para realizar una estadía de 6 meses de duración en alguna de las nueve universidades alemanas participantes. El proceso de selección tiene una duración de dos años y entre sus requisitos figuran la formulación de un Proyecto de Investigación y, en la etapa final, acreditar nivel B1 de conocimiento de idioma alemán.

Gonzalo superó esa selección y desde septiembre hasta Febrero se dedicó a sacarle el jugo al estudio sin desaprovechar el tiempo libre para conocer y pasear y, de paso, comprobar si es verdad o no lo de la buena reputación de las cervezas alemanas. Antes de tomar su vuelo de regreso a nuestro país se hizo un tiempo para contarnos lo que vivió en este último tiempo.

La llegada a Alemania se produjo el cinco de septiembre del año pasado, día en que a Gonzalo lo esperaba el tutor encargado de recibir a los latinos para darles los instructivos antes de comenzar la estadía en una de las universidades alemanas que tiene convenios de intercambio con la UTN. “Habia argentinos, mejicanos y chilenos y tras una reunión nos mostraron el lugar y nos instalaron en los departamentos en los que vivíamos con estudiantes de todas las nacionalidades; yo vivía con jóvenes chinos” comenzó describiendo el larroquense.

La universidad a la que concurrió está en Bochum, una ciudad pequeña si se la compa con las grandes metrópolis que la rodean como Colonia, Dormunt o Dusseldorf. “Tiene unos 300.000 habitantes”  comentó.

 

Allí su día habitual comenzaba a las 8 de la mañana, horario en el que desayunaba y luego se iba caminando hasta la facultad. El horario de clases era de 9 a 12 y de 16 a 18, aunque a veces el tiempo de estudio alcanzaba las seis horas corridas, mientras que los viernes se dedicaba a la investigación.

Normalmente en la universidad transcurría el mayor tiempo, allí también almorzaba y estudiaba. Los lunes en cambio eran libres, por lo que el fin de semana se podía “estirar” un poco más para hacer turismo en las ciudades cercanas e incluso aprovechar el ticket de viaje que también le servía para ir hasta Holanda.

El problema era la cena, no tanto por la comida que ya dijimos que mucho no le gusto, sino por los horarios en que la mayoría de los alemanes acostumbran a comer, cerca de las 7 de la tarde. “Nosotros no pudimos acostumbranos a eso nunca y siempre terminábamos juntando en mi casa o en la casa de un amigo a comer todos los argentinos, cerca de las 10 ó las 11 de la noche” relató.

Una vez integrado a la vida universitaria, comenzaron los talleres de orientación y las clases para mejorar la comprensión del idioma y tras un mes en esa tarea arrancaron los cursos en las materias propias de la carrera de ingeniería civil y su trabajo en un grupo de investigación.


Claramente, Gonzalo traerá de su experiencia en el país germano una nueva perspectiva del mundo por el rico intercambio que halló en la diversidad de culturas con las que se convive en un lugar así. Pero de la misma Alemania salta a la vista el contraste con nuestro país respecto de una costumbre bien arraigada allá, la puntualidad. “Es una de las cosas muy positivas que encuentro de Alemania, son muy famosos por eso” remarcó.

En ese mismo contexto puso al sistema de transporte público por medio del ferrocarril. “Es increíble el sistema de trenes que tienen, podés ir a todos lados y es muy barato”.
Respecto de lo educativo, destacó el sistema evaluativo de la universidad, “a las materias no hace falta cursarlas, si querés las podés rendir directamente” y también destacó que “la tecnología es mucho avanzada”.

A diferencia de lo que imaginó, quedó bien impactado por la personalización que encontró en varias materias: “Yo pensaba que las aulas iban a ser gigantes, con 200 alumnos por cada curso y no es tan así, sino que tienen varios profesores, sobre todo en las materias especiales. En un curso éramos ocho personas y el trato de los docentes era muy amable” explicó y añadió: “Si realmente querés estudiar te dan muchas facilidades, a mi me llamó mucho la atención el tamaño de biblioteca, que abarcaba cuatro manzanas con edificios de hasta seis pisos, fue impactante. Lo mismo la universidad en la que cursan unos 44.000 estudiantes”.

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Gonzalo, a pesar de haber aprobado la instancia por la que obtuvo la beca y las capacitaciones, destacó como una complicación adaptarse al idioma, no tanto para entenderlo como para expresarse. “Lo puedo entender bien” señaló, por lo que resultó de ayuda poder hacer algunas presentaciones en inglés “y con eso anduvimos muy bien, eran muy flexibles” indicó.

“Esta experiencia me encantó, fue buenísima y creo que me va a servir muchísimo a lo que es mi nivel académico”. Sobre su futuro señaló que quiere trabajar en Argentina, “es mi país y quiero seguir ahí. Me falta un año de estudio y después hacer el proyecto final, Si Dios quiere me recibiría en 2019 y luego me gustaría hacer alguna especialización. Me gusta la rama de los suelos o lo que es estructural, todavía no me he decidido. Si se da la posibilidad de hacer un doctorado me encantaría, porque verdaderamente acá es una muy buena facultad con una muy buena educación. La enseñanza no es tan diferente a lo que es la facultad de Argentina, pero tienen mucho más tecnología y son los pioneras de la ingeniería”.

Lo que importa es la cerveza
“Otra cosa positiva es la cerveza, siempre se dice que acá siempre es muy buena no así la comida, no es rica, a mi no me gustó y eso hace que se extrañe mucho a la Argentina, sobre todo el asado y la carne”. Fuera de la facultad, en la ciudad la gente es poco expresiva y el trato es muy frío, es como que uno necesita un trato más cálido” expresó.

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Y hablando de calidez, de los seis meses que le tocó vivir en Bohcum, en 4 meses hubo solamente 5 días de sol “eso fue algo muy feo” opinó y dijo que es necesario tomar bitaminas para contrarrestar la falta de sol. Ahora está haciendo muchísimo frío y es medio imposible salir a la calle.

Mientras Gonzalo hablaba con Periódico Acción se encontraba paseando por la zona de Berlín en la que se encuentra la Puerta de Brandenburgo, cerca del parlamento alemán, un paseo muy bonito de la capital visitado por turistas de todo el mundo. “Todos quieren ver este atractivo y por lo que se escucha, distingo idiomas de todos lados, acá andan españoles, italianos, ingleses, gente de países orientales. Este panorama hace más agradable el clima frío de estos días”.

Allí se juntó con los amigos con quienes compartió un semestre que será inolvidable y que conducen a este joven estudiante al último tramo de su carrera de estudios. Y todo eso “valió un nuevo brindis” en un barcito de Berlín con otra buena cerveza alemana. Salud Ingeniero!!!

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