Caballo empantanado, imagen que grafica la situación de los caminos entrerrianos

La foto fue tomada por el jinete -que quedó un rato de a pié- en un camino de Alarcón, en el departamento Gualeguaychú. Hay sectores de esa zona en que los productores no pueden llegar a sus campos ni en tractor.

 


A Joaquín no le había quedado otro remedio que ir a caballo desde Larroque hasta el campo ubicado a varios kilómetros hacia el sur “del boliche de Otman” en Alarcón. El desastre en que se han convertido la mayoría de los caminos rurales del departamento, que ubican a Gualeguaychú en el segundo escalón del podio dentro de lo peor de la provincia, no da otra alternativa que recurrir al alazán, zaino, tobiano o al “pingo viejo” que se tenga disponible para llegar a destino, ya que en algunos lugares -aseguran- “ni en tractor se puede andar”.

Lo que el jinete jamás pensó es que hasta el caballo iba a “peludiar”. Lo único bueno es que para bajarse no tuvo que saltar ni usar los estribos, que como la panza del animal, ya tocaban el barro del pantano. Con cuidado para no lastimarlo y tener que dejarlo para siempre allí, tiró suave de la rienda y con bastante trabajo para librarse de la succión del barro, el caballo pudo salir.

No solo es la lluvia
Los productores se quejan con razón que la principal razón del desastre de los caminos parte del abandono de los caminos rurales librados a su suerte por el estado provincial y los municipios, en medio de una larguísima temporada de lluvias no tan torrenciales, pero demasiado seguidas como para que los senderos de tierra puedan recuperarse solos,

Un poblador de Alarcón, no muy lejos de donde quedó varado el caballo, recordaba las cinco alcantarillas ubicadas a lo largo de unos dos kilómetros, cerca de su casa, que “hace años” permitían que el agua que bajaba de los campos corriera buscando las zonas más bajas, probablemente en dirección al Galurzo o hacia algunos de los arroyos de la zona. “Ya no queda ni una, todas están rotas y el agua pasa por arriba del camino y allí se forman los pantanos” describió. También comentó que cuando taparon uno de esos pasos complicados y “enaltaron” unos metros de camino, en las siguientes lluvias el agua pasó por los dos costados del relleno, y en vez de un pantano -como había antes- se formaron dos.

Con sutiles variantes, el paisaje se repite y se multiplica, y lógicamente da a entender que de tanto atender lo urgente, emparchando caminos con un poco de tierra, es momento de hacer lo importante, remplazando tubos, rellenando y abovedando los caminos, es decir, invirtiendo un porcentaje más importante al habitual, del dinero que el estado embolsa en concepto de impuestos.

Las reuniones entre productores y autoridades sirven para diagnosticar, pero hasta ahora no se han traducido en soluciones. Falta la decisión política que debe llegar antes que a los productores se les colme la paciencia, que en estos días organizan una visita a los municipios de Carbó y Larroque, que también tiene “jurisdicción vial” en un tramo del camino hacia Alarcón, para obtener la pronta solución.

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