Campo El Ñato jineteó la lluvia y armó otra tremenda velada de caballos y bailanta


Pese a la amenaza meteorológica, la tercera edición del festival congregó a unas 2.500 personas. El evento criollo organizado por Joaquín Rodríguez tuvo como protagonistas a jinetes y tropillas de nivel nacional con un espectáculo a la altura de los grandes escenarios del país. Fotos de Silvina González.

 

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«Campo El Ñato» volvió a sumarse al calendario de festivales que como una misa campera, reúne a los fieles seguidores de la destreza criolla en esa conjunción inseparable y ancestral de hombre y caballo.


El pronóstico climático hizo dudar a más de uno, especialmente a los forasteros que ya tenían agendada a Larroque como la próxima posta, después de La Fiesta del Caballo y antes de Cuchilla Redonda.

Los que se largaron, tuvieron su premio, porque nuestra ciudad fue una isla en medio de los chaparrones que cayeron en casi todas las localidades vecinas y pudieron presenciar la carrera de riendas y un nivel de montas que no tiene nada que envidiar a Jesús María, Diamante o Urdinarrain, es más, reúne entre sus bravos jinetes y tropillas, a nombres y marcas que resuenan en todo el país.

Y además Larroque, con Chicharra Molina, Marcelo Puente y Adán Calero, demuestra que no hace falta irse lejos para encontrar coraje y habilidad sobre el lomo de un potro. y aunque el último de ellos fue naturalmente el más aplaudido, los tres brillaron como la luna entre las nubes de la fresca noche larroquense.

La tercera edición de la jineteada y bailanta también sirvió para acercar a gente poco «habitué» a este tipo de eventos y como los que siempre van, probaron de la adrenalina que genera ver lo que pasa dentro del campo de jineteada y de toda la liturgia que se ve del alambrado para afuera, donde especialmente los hombres, pero también ellas, se visten con las mejores pilchas gauchas, donde el asado con cuero se vende y se come como pan caliente y el chamamé y la cumbia sirven para bajarlo.

También sorprende la prestancia del relator de domas y los payadores, que le agregan valor a la velada, en esa mezcla de poesía épica, divertida, ocurrente y pícara que descarga emoción y carcajadas en la misma medida.

Puestos de venta con aperos, prendas y hasta juguetes, completaron los condimentos del festival que tiene a Joaquín Rodriguez como uno de los referentes regionales, que no solo organiza su propio evento, sino que empieza a ser convocado para gerenciar otros espectáculos en el sur entrerriano.