Chau Fabio

Sergio Kneeteman le dedica una palabras a su amigo y dirigente político fallecido la semana pasada con quien compartió cuatro años como secretario de gobierno en el municipio entre 2003 y 2007.

 

 

“Soy tan demócrata y tan alfonsinista, que me las arreglé para que mi hija nazca un 10 de diciembre”. Ese comentario era una muestra jocosa del Fabio orgulloso, poderoso, casi autosuficiente.

Parecía que hasta su permanente actitud solidaria debía ser disimulada por una apariencia de personalidad distante, introvertida.

No quiero hacer una reseña biográfica de Fabio Larrosa, que bien la merecería. Sólo quiero recordar al amigo y al visionario, al político progresista y republicano, al intendente de Larroque, brillante y austero, que gobernó este pueblo entre 2003 y el 2007. Al que le costaba tomar decisiones, cuando no eran producto de sus propias ideas. Al honesto. Al Fabio inseguro y desconfiado. Al buen tipo, que nos dejó cuando recién tenía 54. No parece justo, porque Fabio era necesario.

Las casas en las que nos criamos estaban a pocas cuadras de distancia. Los dos éramos del otro lado de la vía. Seguro fue por eso su obsesión de que las vías del tren y los terrenos de la Estación debían dejar de ser una división física del pueblo, para pasar a ser, durante su gestión, el parque y el centro cultural y recreativo que lo unió para siempre.

Con Fabio nos vinculó, como a todos los chicos de Larroque, la pasión por el fútbol infantil y el teatro del Cura Paoli. Será por eso que en su gestión de intendente construyó un teatro, para reemplazar al de Paoli, que se había perdido. El pueblo para siempre tuvo una sala que es uno de nuestros orgullos, y que se llama de la única manera que se puede llamar: Padre Paoli. Y como Fabio era cultura también recicló el viejo galpón de la Estación para construir el Salón de Usos Múltiples, con capacidad para 1.500 personas. Y fue el Ciclo de Recitales gratuitos en Plaza San Martín, y los talleres barriales de teatro, el Salón del Poema ilustrado, los coros municipales, las Fiestas de los Jardines de Infantes, y mucho más.

En la gestión de gobierno, Fabio veía más allá de lo que veíamos nosotros y a veces más allá de él mismo. Porque no siempre podía concretar sus sueños.

Pero pudo mostrarnos con creces cómo su orgullo de ser hijo de este pueblo y su agradecimiento porque ese mismo pueblo lo hizo su intendente lo movilizaron para que muchos de esos sueños hoy sean logros que disfrutamos todos.

El Parque de la Estación, la Sala de Teatro, el Salón de Usos Múltiples, la Terminal de ómnibus, y el gas que llegó “al otro lado de la vía”. Y las salas de bombeo para que barrios alejados tengan cloacas, la Plaza Los Gurises, la Playa de Camiones. El pavimento y las viviendas. Y mucho más.

Pero Fabio no sólo era obras y cultura. Era además el Programa “Deporte en los barrios” y el torneo Confraternidad. Era la Semana de la Juventud y los talleres culturales. Supo cuidar a los jóvenes con el control de consumo de alcohol, y con la obligación del uso del casco para los que manejan motos.

Fabio era las instituciones de Larroque, y sólo a modo de ejemplo recuerdo que construyó el Salón de la Liga de Madres de Familia, y les cedió la casa al grupo Scouts en el Parque de la Estación. Y la Asociación Veneta.

También era educación. Y creó el gabinete Psicopedagógico. Y acompañó a los directivos del Colegio Virué para que sea realidad el nuevo edificio. Y trajo a Larroque la carrera de Productividad y Calidad Total.

 

A Fabio lo desvelaba conocer nuestros orígenes. Y creó el Grupo de investigación Histórica

Y quiso que regrese la Expo Larroque, y lo logró.

Sufría mucho cuando sentía que su comunidad se resignaba a ser para siempre un “pueblo chico”. Soñaba con su progreso, su crecimiento, su desarrollo.

Llegó en ese aniversario del cumpleaños de Pilar, aquel 10 de diciembre del 2003, a la municipalidad, y enseguida comenzó a hacer realidad viejas obsesiones y nuevos proyectos.

Y creó un cuerpo de inspectores, para ordenar el tránsito. Y ordenó que la gente conduzca con respeto, y a baja velocidad. Y que todos los conductores con sus camiones no ingresen más a la planta urbana. Y que los menores no manejen. Y cuidó los árboles. Y pidió que nadie pode en la vía pública por su cuenta. Y que todos paguen sus tasas. Eso, y muchas otras medidas, le trajo, y nos trajo, problemas e incomprensiones, muchos con propios amigos.

Fabio era brillante. A veces su capacidad intelectual generaba envidias. Y tuvo adversarios y a aún a su pesar, algunos enemigos. Y sufrió injurias. Y le pesó.

Supo del amor y la pasión. Supo del perdón y la solidaridad. Supo de la alegría y muchas veces de la tristeza. Cómo todos, como cualquiera.

 

Pero siempre fue mucho más allá. Y pensó en desarrollar la Región e integrar Larroque en un polo de desarrollo productivo, cultural, educativo y turístico. Y tuvo la idea, que después concretó con otros intendentes de la zona, de conformar la Micro Región de Sur entrerriano.

Y cuidó tanto a su pueblo que trabajó mucho para mejorar su medio ambiente. Y creó una de sus obras emblemáticas: la Planta de reciclado de residuos y el programa Larroque +Limpia.

Fabio fue todo eso y mucho más. Para mí fue un amigo que abrió sus puertas para incorporarme a sus proyectos y a sus sueños. Y compartí muchas cosas. Compartí sus enojos, sus ironías, su generosidad, compartí la peña de los jueves con amigos. No compartí su pasión por River. Compartí su amor por el arte y la cultura. Y compartí infinidad de anécdotas, muchas que vivimos juntos y muchas que me contó.

Cómo la del día en que fue a pescar, en su adolescencia, con su tío, y en la cena de la costa junto a los amigos de su tío, escuchó discutir sobre el nombre de un jugador del equipo del Huracán de Menotti, campeón del 73. Y Fabio, con miedo, les dijo: en ese puesto jugaba Roque Avallay. Y el tío asombrado le preguntó: “¿Cómo adivinaste?”

-No, tío, no adiviné.

Y les recitó sin parar la formación completa de aquel equipo histórico.

Al otro día le dije que descubrí que me había inventado una historia copiada del genial cuento de Fontanarrosa: El ocho era Moacyr. Fue mala idea buscar aquella noche el nombre del cuento que Fabio me hizo recordar. Porque se enojó tanto que me recitó de memoria los 11 del San Lorenzo campeón del 74, del que yo soy hincha, y no los recordaba. Y el equipo titular de su glorioso River, campeón del Metropolitano del 75. Del Argentinos del 86, que perdió la Copa del Mundo por penales contra la Juventus. Me nombró los 11 de la selección del 76, en el partido en la nieve, en Moscú, cuando brilló el Loco Gatti. Y no paró, hasta que el caliente ya era yo. Y me fui convencido de que Fabio, podía ser un tipo difícil, pero era un genio.

¡Chau, Fabio! Te fuiste en un viaje inevitable, con tu sonrisa de costado. Gracias por todo, y por tanto. Nos vamos a volver a encontrar. Ah, y dale de mi parte un fuerte abrazo a tu gran amigo, Ciclón.

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