Coca Yabrán y el recuerdo de Alfredo, a 20 años de aquel 20 de mayo

Este domingo se cumplen dos décadas del día en que el empresario larroquense se quitó la vida en un campo de Concepción del Uruguay. Su hermana lo recordó resumiendo parte de su niñez y su vida larroquense, y aquellos días de dolor, entre la lapidación mediática que sufrió y algunas reivindiaciones que llegaron tarde.

 

 

El motivo de la charla no fue grato, pero siempre hablar con Angélica “Coca” Yabrán es un bueno momento. Esta mujer de carácter fuerte y dulce a la vez que se derrite de amor cuando habla de sus nietos y bisnietos, que ahora reemplazan con sus fotos los lugares que antes ocupaban los estantes de la generosa biblioteca con la que uno se encuentra apenas se entra a la casa, hace 20 años se encontró con la placa roja de Crónica TV anunciando el suicidio de su hermano Alfredo.

Fue el final de una vida de alguien que para los larroquenses, fue un empresario exitoso, del que se decían algunas cosas, que había tenido algunos gestos de generosidad con su pueblo, como fue la donación al Colegio Nacional del salón que hace poco compró el Banco Nación para instalar su sucursal.

En cambio para la prensa nacional fue un cierre casi perfecto para una película de gángster, desde que Cavallo denunció a varios grupos mafiosos en 1994 y que puso en escena al larroquense, casi, como líder de la camorra argentina. Además, tras su muerte, alentaron la hipótesis de una simulación de suicidio y de un escape hacia Uruguay o Brasil, en otra zaga de la misma serie.

Para Coca y sus hermanos, aquel miércoles 20 de mayo de 1998 fue un golpe tremendo del que queda una estela de dolor, indignación e impotencia, por lo que considera una demonización que comenzó el ex ministro de economía de Menem y que agigantaron los medios. En ese cúmulo de injusticias se anotan todas las acusaciones, incluida la de ser el instigador del crimen del fotógrafo José Luis Cabezas.

No se puede desconocer el desarrollo empresarial que Alfredo Yabrán había conseguido y que se había extendido, sobre todo, en el negocio postal. Ese telón de fondo, para quien se hizo de la nada y pasó a ser denominado por los medios como un magnate, para la prensa porteña solo se explicaba desde la mafia y los negociados, incluso con el estado.

A Coca ese ascenso económico no le resultó extraño y menos como ella describe, en una personas inteligente y capaz, con el interés puesto en progresar y que demostró su personalidad ya desde el colegio secundario, como integrante de la primer promoción de egresados del colegio Nacional. “Les cuestionaba las cosas a los profesores, era muy rebelde y por ejemplo, en matemáticas, en que era un alumno brillante, llegaba al resultado por un camino diferente” rememora. 

Como a todo hijo de inmigrantes, esa manera de ser -en parte- deriva de las tradiciones y costumbres familiares que del Líbano “exportaron” a Argentina, en donde se convirtieron en comerciantes que desde Alarcón y a pie recorrían muchos kilómetros de la agreste geografía vendiendo o intercambiando productos.

A Alfredo, Coca lo recuerda vendiendo helados desde muy niño, una novedad en aquellos tiempos, que ya fue un negocio rentable del abuelo Tufic Marpez y su esposa en Gualeguaychú y que Emilia, la esposa de Nallib Yabrán trasladó a Larroque. “Siempre vendió helados, porque mi mamá fue la primer fabricante de Larroque” cuenta Coca.

 

 


Con Mariano Grondona



 

Volviendo a Alfredo, a quien tuvo como alumno en aquellos primeros años del colegio, recuerda que “si bien era el mejor alumno, cuando egresó no le dieron la medalla en ese momento, pero cuando cumplieron los 25 años, ahí si lo reconocieron”.

“Era muy amiguero, muy fiel a sus amigos a tal punto que cuando él estuvo bien en Buenos Aires se los llevó a trabajar allá a sus amigos y los ayudó un montón. El se hizo de la nada prácticamente, trabajando como un burro desde las 6 de la mañana hasta las 12 de la noche. Cuando se fue a Buenos Aires primero trabajo en una panadería mientras estaba estudiando de contador. Entonces entró como contador en una empresa y ahí tomó vuelo pero no se recibió, pero él sabía más que los contadores” expresa.

También relató que “yo sabía cómo trabajaba, cuando lo visitaba en su casa. él se levantaba a las 6 de la mañana, tomábamos unos mates y enseguida se iba a trabajar en la empresa que después terminó comprando. Y ahí fue que empezó con su crecimiento”.

“Acorraldo” por Cavallo
Para Coca, “el problema vino por la prensa y por Cavallo, porque el ministro de economía quería traer la empresa Federal Express (FEDEX) a Argentina, una idea que mi hermano tenía de antes. Entonces creo que le propuso algún negocio y mi hermano no lo aceptó y ahí fue que empezó toda la cuestión. Cavallo arrancó con todas las denuncias y dijo de todo contra él. Después se desdijo y mucho medios, sobre todos los entrerrianos, publicaron textos, tratando de limpiar su imagen, pero claro, ya era tarde”.

En estos días previos al vigésimo aniversario de la muerte de Alfredo el teléfono de la casa de Coca ha sonado varias veces con llamados de números con característica de Buenos Aires que, por supuesto, no han sido atendidos.

A pesar del paso del tiempo tiene muy vigente lo que fueron aquellos días de hostigamiento mediático. “Todavía siguen jorobando, porque la manera de molestar que tienen es llamando por teléfono”  Coca recuerda que sólo atendió a un periodista de Santiago del Estero, “muy respetuoso” dice.

De aquel miércoles fatal recuerda la placa roja de Crónica, los llamados incesantes y la negación propia de que no podía ser que un hombre acostumbrado a pelear y a no rendirse, haya tomado esa decisión.

“Crónica decía que se había pegado un tiro el empresario Alfredo Yabrán. Fue terrible, terrible, en ese momento. Dije que no podía ser, que no podía ser porque conociéndolo a él como era, no podía ser. Que se enfrentaba siempre a todas las cosas y a todos los problemas”. recordó

Después de eso vino el trámite desgraciado de reconocer el cuerpo, del que Coca fue una de las personas que debió participar y asegurar que se trataba de su hermano, pese a todo lo que se dijo y se seguirá diciendo.

“Desgraciadamente el recuerdo es muy feo, y yo no puedo admitir una cosa semejante, que ensucien a las personas. Yo siempre recuerdo lo que decía el padre Paoli: que si desplumamos una gallina “en la cuchilla” y después querer juntar las plumas, no se puede. Es así, la maledicencia de la gente no tiene control, ni tiene fin cuando saben de algo lo agrandan y lo siguen agrandando, es como una bola de nieve, inventan porque total no pagan patente, como yo digo” opinó.

Y la vida sigue, alejando aquel momento en el tiempo y convirtiéndolo en una página dolorosa y gris en la historia de la familia. Eso no impide que los buenos recuerdos que quedaron de la relación “entre hermanos” o con la esposa de Alfredo y sus hijos trascienda todo aquello y sea lo más importante para rescatar. Cristina, la viuda de Alfredo, sigue en contacto y hace poco visitó Larroque con Pablo y Mariano (sus hijos) y algunos nietos. Recorrieron la ciudad, las escuelas por las que pasó Alfredo en su infancia y adolescencia y almorzaron en el hotel Carboni, propiedad de uno de los amigos de toda la vida.

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