Del optimismo medido a la euforia, el resumen de otro día peronista

Los referentes locales del PJ preveían un triunfo local ajustado y se ilusionaban con que la fórmula Fernández Fernández llegara a las generales de octubre en condiciones competitivas. Pero los números finales superaron cualquier expectativa y sorprendió a todos.  Fotos: Silvina González.

 

No podían creer lo que veían en el proyector que armaron en la unidad básica para ampliar las imágenes de C5N a la espera de los datos del escrutinio de las PASO. Si por orden de Leonardo Hasselll apenas lograron contener el festejo de los más exaltados a la salida de la escuela 66, ahora, con el 47 % que conseguían los Fernández, Alberto y Cristina, la capacidad de sorpresa se hacía pedazos y desataba la madre de los festejos ante la contundencia de un triunfo que abre la puerta hacia la afinidad política, también con el futuro gobierno nacional.

Cuatro horas y media antes, en un aula vacío, el intendente electo y sus colaboradores comenzaban la cuenta regresiva para saber si Larroque volvía a pintarse de celeste. Con resto de batería, los celulares recibían los primeros indicios de una elección satisfactoria, de la que sabían que era casi imposible perder.

Una de las primeras mesas en conocerse el resultado fue la 2.143 de la escuela grande, que arrojaba un inapelable 180 a 58. Allí la expectativa se transformaba en optimismo, y el excel de la notebook seguía cargando datos favorables que hacían aflorar las mismas sensaciones que las de abril y junio.

 

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En la Faustino Suárez iban a terminar ganando en 7 de las 9 mesas, con una diferencia amplia que la paridad de votos de la José Manuel Estrada no iba a conseguir descontar. En total el Frente de Todos se impuso en 13 de las 18 mesas electorales de la ciudad.

Así se consumaba un nuevo triunfo peronista o una nueva derrota radical en Larroque, en una expresión de la ciudadanía que los ganadores traducen como un pedido inequívoco de los vecinos y del país por vivir mejor, que hoy es capitalizado por Alberto Fernández o Leonardo Hassell, como antes lo consolidó Mauricio Macri o Darío Benedetti.

Los cambios de humor social son la resultante de cosas tan tangibles como la pérdida en la calidad de vida y hasta de derechos básicos por encima de proyectos que suponen un plazo más largo del que la gente estuvo dispuesto a esperar en el país de las urgencias. También hay cosas más sutiles, que al acumularse, ayudan a dilapidar capital político.  Si esos dos componentes no se cuidan, el voto independiente cambia de destinatario, no hay vuelta.