Detrás de un sueño: Intentarán reabrir la escuela rural Ramos Mejía

Norma Uranga, ex directora de esa escuela de Cuchilla Redonda, cercana a Carbó, hizo una exquisita crónica de cómo una visita que hizo a ese lugar, derivó primero en una convocatoria de vecinos para desmalezar el terreno y luego, en las gestiones para tratar de que en 2019 vuelva a tener actividad educativa.

 

 

Justo a tiempo como para frenar el deterioro del edificio y evitar que la naturaleza siga su curso y empiece a transformar en recuerdo lo que por muchos años fue epicentro de la actividad social de esa zona cercana a Enrique Carbó, a Norma Uranga se le ocurrió visitar la escuela en la que por casi dos décadas fue directora.

En su cuenta de facebook hizo una emotiva narración de lo que fue el despertar de un sueño que ojalá el año que viene, retome lo que este año, por falta de alumnos, no se pudo: el dictado de clases. Disfrutemos de la redacción de una historia motivadora:

“El 14 de octubre próximo pasado, el corazón me llevó espontaneamente junto con mi familia a nuestra querida Escuela Nº 43 José María Ramos Mejía de Cuchilla Redonda, donde me desempeñé como directora durante 18 años y vivimos en la casa habitación del establecimiento. Gran asombro y tristeza nos provocó en el estado de abandono que la encontramos. Este año no funcionó por falta de alumnos.

Casualmente, el 3 de noviembre compartimos una fiesta con ex-alumnos, padres, ex-miembros de cooperadora y vecinos de la comunidad de la escuelita. Enseguida surgió el estado en que se encuentra y ahí, todos nos miramos y afloró en ese momento el mismo pensamiento, vamos a limpiarla!!!. Pusimos fecha: 24 de noviembre sería el día indicado. Nos pusimos en contacto con la Supervisora Sra. Fabiana Piedrabuena para ponerla al tanto y nos autorizó la tarea.

 

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Carina, una animosa y entusiasta ex- alumna formó un grupo en facebook e hizo la convocatoria. Grande fue la sorpresa!!! cataratas de mensajes en apoyo a la idea comenzaron a llegar, demostrando, compromiso, interés, ganas de colaborar.

El sábado 24, con la emoción que siento al volver a ese lugar, se sumó el recibimiento con un toque de campana!!! ver el desplazamiento de tanta gente por todo el predio con motosierras, motoguadañas, herramientas de todo tipo abocados freneticamente a la limpieza fue maravilloso, gratificante y muy valorable.

En pocas horas, el trabajo mostraba sus frutos, todo se fue despejando, el edificio nuevo y la inolvidable escuelita de lata, que sigue en pie desde hace 87 años, cuando un grupo de padres visionarios, no teniendo donde alfabetizar a sus hijos, decidieron donar el terreno y levantar la escuelita totalmente de lata, con sus propios recursos y sus propias manos. Durante 50 años en su única aula se formaron muchísimos niños del lugar y en 1981 se inaguró el moderno, luminoso y confortable edificio.

A la hora de un frugal almuerzo compartido, los recuerdos, anécdotas bien guardados fueron apareciendo, todos disfrutamos con algarabía.

Se pensó en nuevos encuentros, nuevos proyectos para seguir mejorando y manteniendo el edificio.

Hoy en la zona hay niños para que nuestra querida escuela vuelva abrir sus puertas, en eso estamos, asesorados por la Sra. Supervisora, viendo el número de alumnos para que en el Ciclo Escolar 2019, vuelva a tener vida!!!

Quedó demostrado, que una escuela rural, es mucho más que un lugar donde se aprende a leer y escribir, es un espacio que genera lazos que perduran en el tiempo.