Días tristes en Larroque: Familiares y amigos despiden a Franco Carro

Mañana sepultarán al chico que ayer falleció en Gualeguaychú tras dos semanas de agonía. La comunidad se conmueve ante un desenlace que por la gravedad del accidente parecía inevitable.

Una necesaria mirada de fe cristiana se impone en el doloroso cuadro que toca vivir a los familiares y amigos que mañana cerrarán un capítulo para luego encarar el difícil momento del duelo. La partida de Franco deja un vacío que será imposible llenar físicamente, pero la certeza de una vida nueva, la que nos da la confianza en Dios, debe ser la base sobre la cual construir el consuelo en una lucha diaria.

Lo que hoy nos parece imposible e increíble es parte de la vida a misma, una prueba que hay que vivir para comprender y sufrir para resurgir, no para olvidar, sino para encontrar fortaleza en los buenos recuerdos que quedan del tiempo que hemos compartido con el ser querido que se fue y que nos espera del otro lado de ese mar que es la vida terrenal.

No hay palabras para definir la intensidad del dolor y en ese instante donde parece que nos atraviesa como una espada, debe brillar la imagen de la sonrisa de Franco, de su carisma, de su humor, que sobreviven en los corazones de quienes fueron sus amigos y de los familiares que lo siguen adorando, más allá de la muerte.

Nuestro pésame y deseo de pronta resignación.

No llores si me amas… San Agustín
¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo!
¡Si pudieras oir el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos!
¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes,
los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso!
¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo,
la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!
¡Cómo! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?
Créeme; cuando la muerte venga a romper las ligaduras,
como ha roto las que a mí me encadenaban,
y cuando un día, que Dios ha fijado y conoce,
tu alma venga a este Cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a ver a aquel que te amaba y que siempre te ama,
y encontrarás tu corazón con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme, pero transfigurado,
extático y feliz, no ya esperando la muerte,
sino avanzando contigo,
que me llevarás de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida,
bebiendo con embriaguez a los pies de Dios
un néctar del cual nadie se saciará jamás.
Enjuga tu llanto y no llores si me amas…
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
La muerte no es nada.
No he hecho nada más que pasar al otro lado.
Yo sigo siendo yo.
Tú sigues siendo tú.
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me diste.
Háblame como siempre me hablaste.
No emplees un tono distinto.
No adoptes una expresión solemne, ni triste,
sigue riendo de lo que nos hacia reír juntos.
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue,
sin énfasis alguno, sin huella alguna de sombra.
La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado,
¿Por qué habría de estar yo fuera de tus pensamientos?
¿sólo porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos… tan solo a la vuelta del camino.
Lo ves, todo está bien…
Volverás a encontrar mi corazón, volverás a encontrar su ternura acendrada.
Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas.

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