El eterno y razonable reclamo por «el imperio del barro» en el tramo medio de la ruta 51

Ayer, por un largo pantano, el camino estuvo cortado varias horas de Colonia Staubert hacia el norte. Un camión quedó encajado y eso hizo que no se pudiera circular. Los pronósticos a mediano plazo amenazan con más complicaciones.

 

Mientras que de las ciudades cabeceras lo que se ve son soluciones, en el centro de la ruta provincial 51 los problemas sobreviven intactos, a 9 años de los primeros anuncios de licitación. Un nuevo testimonio se vio ayer, cuando un camión tolva se convirtió en un peaje cerrado para el tránsito, que algunos valientes trataron de evadir por los pantanos libres de los costados.

Con casi dos tercios del camino asfaltado, el contraste de lo que se vive entre Parera e Irazusta es notable y cuesta creer que pese al voluntarismo de los funcionarios provinciales y sus fotógrafos, que enfocan otros lados, el barro siga siendo tan protagonista de la vida de habitantes, productores, comerciantes y docentes, como hace mucho más de una década.

Para colmo, se prevé otro trimestre con perspectivas de lluvia por encima de lo normal, si se cumple, el frente de obra que Vialidad Provincial dispuso en la zona, tendrá nuevas complicaciones.

Dicho de otro modo, los esfuerzos que hace el estado provincial con recursos propios son insuficientes y si no es así, el disimulo es grande. Para los vecinos de la zona central de la ruta, ha sido así prácticamante desde que el doctor Julio Aizaga gestionó el enripiado, hace unos 40 años. De ahí para adelante, y hasta que comenzó el asfaltado del sub tramo Parera – Urdinarrain, fueron pocas las cosas en serio que se hicieron.

De  lo contrario, todos los cañones del gobierno habrían apuntado hace rato a esa zona y aunque parezca increíble, -en términos viales- hay tramos que se parecen a un museo del terror, aún varios días después de las lluvias. Son los vecinos los que informan del estado de la ruta cuando alguien se está por aventurar por esos caminos.

Promesas de solución vienen de hace rato y es cierto que Urribarri y Bordet fueron los únicos que encararon el problema, con más o menos decisión. Pero para la amplia y productiva región central de la 51, la sensación es que se olvidaron de ellos.