Este martes habrá un homenaje a María Esther

El 1 de noviembre la escritora cumpliría 91 años. Ese día, en la casa que donó al municipio, se hará un acto para recordarla.

Palabras de bienvenida, ofrenda floral, lectura de cuentos y plantación de una especie vegetal en su memoria, es eso consistirá el homenaje de la comunidad en memoria de María Esther de Miguel que el próximo martes cumpliría años.

mesterdem La invitación parte desde la Secretaría de Cultura de la municipalidad de Larroque, que además informó que el acto se realizará en “La Tera” a la hora 16.

El 27 de julio de este año se cumplieron 13 años del fallecimiento de la célebre escritora, una de las más importantes difusora en el país de la novela histórica.

Su figura menuda, de ojos expresivos, y su estilo narrativo llano, coloquial, en el que no faltaban un lenguaje vivaz y muestras de agudo ingenio, cautivaron a los lectores, que la consagraron como una de las voces literarias femeninas con público propio. Muchas de sus obras, ambientadas en momentos significativos de la vida argentina, contribuyeron a consolidar en el país el género de la novela histórica.

La voz de una mujer llena de esperanza
María Esther de Miguel recorrió el mundo y conoció la fama. Pero, fiel a sus raíces, nunca abandonó su tierra natal ni las profundas enseñanzas de su familia.

14890602_1129509630473926_7484279448947436535_oHabía nacido en Larroque. Hija de padre español, encargado de la usina de esa ciudad, y madre entrerriana surgida de una colonia judía, era la mayor de cuatro hermanos. Estudió en Entre Ríos, donde recibió una formación laica. Dejada atrás la adolescencia, se acercó al catolicismo y fue maestra rural. Dejó testimonios de esa experiencia en su primera novela, “La hora undécima” (1961), premiada por Emecé.

Instalada en Buenos Aires, a los 25 años sintió vocación religiosa e ingresó como laica consagrada en la Compañía de San Pablo, donde fortaleció su profunda espiritualidad y cultivó su pasión por las letras. Mientras tanto, continuó sus estudios en el Instituto Grafotécnico y siguió la carrera de letras en la Universidad de Buenos Aires.

En la propia congregación religiosa dirigió la revista Señales, una publicación cultural católica. Ella le dio una orientación más literaria y abrió sus páginas a escritores de distintas tendencias y convicciones, como Jorge Luis Borges, José Bianco, Humberto Constantini, Abelardo Castillo, Dalmiro Sáenz, Federico Peltzer y el autor chileno José Donoso, entre otros. Condujo la publicación desde 1957 hasta 1964, año en que se retiró de la Compañía de San Pablo.

Un cuento por correo
Antes de su primera novela, escribió cuentos, uno de los cuales, “La foto”, fue publicado en LA NACION, luego de que la autora lo enviara por correo, sin conocerla, a la directora del Suplemento Literario, Margarita Abella Caprile. Fue el comienzo de una extendida relación con el diario, donde colaboró a lo largo de 40 años. Una serie de cuentos, “Los que comimos a Solís” (1965), fue editada por Losada.

A este libro siguieron “En el otro tablero” (cuentos) y las novelas “Calamares en su tinta” y “Puebloamérica” (1973), basado en sus charlas con el padre Carlos Mugica y reeditado en 1998 por Planeta, con el título “Violentos jardines de América”.

A partir de 1980 llegaron las producciones literarias que le dieron mayor notoriedad. Ese año escribió “Espejos y daguerrotipos”, galardonado con el Premio Municipal de Literatura, y más tarde “Jaque a Paysandú” (1984), con el que inició la serie de novelas históricas. En 1991 escribió una biografía de Norah Lange.

Comenzó a aparecer en las listas de best seller con “La amante del restaurador” (1993), galardonado con el Premio Nacional de Literatura, y fortaleció la adhesión de los lectores con “Las batallas secretas de Belgrano” (1995). Su consagración llegó con “El general, el pintor y la dama” (1996), distinguida con el premio Planeta de novela y que lleva vendidos más de 150.000 ejemplares en varias ediciones. Sus últimas novelas fueron “Un dandy en la corte del rey Alfonso” (1999) y “El Palacio de los Patos” (2001).

Para las próximas semanas, la editorial Planeta tenía previsto el lanzamiento de “Ayer, hoy y todavía”, su última obra, concebida a modo de memorias, donde la autora agrupa recuerdos de su vida a través de temas y lugares. Repasa, así, anécdotas de su llegada a Buenos Aires, sus viajes, su paso por la comunidad religiosa, los cafés, entre otras escenas de su vida.

En julio de 1998 donó la casa que había adquirido con esfuerzo en Larroque, donde atesoraba libros y recuerdos, a la municipalidad local, que la convirtió en centro cultural.

Identificada con la promoción de la cultura como motor de desarrollo de los pueblos, disfrutaba del contacto directo con sus lectores y todos los años participaba con entusiasmo en la organización de la Feria del Libro. Fue directora del Fondo Nacional de las Artes.