Emilia Otero en Nueva Zelanda, la experiencia de vivir en un país sin inflación

Esta joven larroquense, licenciada en Organización Industrial, se radicó en una zona rural cercana a la ciudad de Omaru, al este de la isla sur. Desde allí describe la experiencia que comenzó hace dos años con su novio, recorriendo el país oceánico como turista y luego -por un tiempo- bajo la normativa del working holiday (vacaciones de trabajo). Actualmente trabaja en un tambo.

 

 


Pasear y conocer, una prioridad de Emilia en Nueva Zelanda.

Como Feliciano Zantedeschi en 2009, o Victoria Benedetti en 2015, María Emilia Otero comenzó a vivir desde 2016 una experiencia de vida que combina la aventura, los viajes, el deseo de conocer otras culturas, mejorar el inglés y por supuesto trabajar en un país, que según nuestra forma de vida es bastante ilógico, donde los precios no cambian y donde todo es previsible.

Por la belleza y diversidad de sus paisajes, lo exótico y atrayente de sus costumbres ancestrales y la receptividad natural para captar chicos con ganas de hacer y conocer, Nueva Zelanda es un verdadero paraíso de los jóvenes profesionales, en la previa a encontrar su lugar en el mundo.

Emilia es una de esas almas inquietas que busca explorar ese tipo de oportunidades con la meta fija en crecer personal y profesionalmente. Actualmente trabaja en un tambo de vacas pero en dos años pasó por varias experiencias laborales que le han permitido, tras dejar atrás el período del working holiday, afirmarse en el mercado laboral e ir creciendo.

Emilia nos cuenta que es licenciada en organización industrial, recibida en la UTN de Concepción del Uruguay y que tras intentar adherir sin éxito al programa, trabajó por un tiempo en nuestro país, ahorró dinero “y al año siguiente nos vinimos (con Yamil, su novio) como turista a Nueva Zelanda” señala.

La experiencia con otros larroquenses fue una de las claves para que Emilia, su novio, y ahora también su hermano Sebastián, se abran camino en el país de los All Blacks con la expectativa de seguir creciendo. “Antes de viajar tuve la suerte de cruzarme con con Victoria Benedetti que ya estaba vuelta en el país. Tuvimos una charla muy linda con ella su mamá y sus hermanas que habían experimentado esto de viajar y de vivir en otro lugar y la verdad fueron muy motivadoras sus palabras y nos ayudaron a que hoy estemos acá” comentó.

 

El programa working Holiday es por un año; ahora este es mi segundo año y estoy acá con otra condición. Luego de “aplicar” al WH ” pudimos empezar a trabajar de manera legal, ya que la visa de turista no te lo permite.

 

Primero conocer
“En principio recorrimos y conocimos museos, lugares, playas, zoológicos, de todo y una vez que aplicamos decidimos empezar a trabajar por alojamiento y comida, lo que nos permitió crecer un montón y aprender mucho inglés” relata y agrega “He hecho de todo, trabajé en fábricas, en el campo, en el kiwi. Ahora estoy en una granja lechera”.

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Hay que tener en cuenta la aclaración que hace Emilia: “Una vez pasado el año (de la working holiday) tenés que conseguir un sponsor -que se le llama así- al empleador que patrocina tu visa y que se puede renovar tres veces”. En su caso “si al tercer año no se avanza de cargo -no crezco en la empresa-, debería volverme Argentina o salir del país. Lo que promueven es que justamente uno crezca en la empresa” indicó.

En nuestro país Emilia cumplía funciones administrativas en una empresa de Gualeguaychú, todo un contraste con lo que ahora hace. Sobre su tarea en el tambo describe que “me levanto a las 3 de la mañana para ir a hacer el ordeñe. Estoy encargada de lavar el tanque y de iniciar la planta antes que lleguen las vacas. A las 3:30 ya arrancamos a trabajar, tenemos 800 vacas así que tardamos alrededor de 5 horas en hacer el ordeñe y en lavar la planta y terminar. Alrededor de las 9 estoy en casa para un desayuno. A la 1:00 de la tarde me voy de vuelta a iniciar la planta y empezar el segundo ordeñe”. También señaló que “estuve encargada de las inseminaciones de las vacas y también lo que se hace es organizar los campos para que las vacas vayan a comer, se le  prepara la comida a los terneros”.

 

“Trabajar por alojamiento y comida sólo le hice el primer mes, mientras esperaba la aprobación de mi visa, después todos los trabajos que tuve fueron remunerados.

 

Entre el campo y la ciudad
“Vivo en la misma granja donde trabajo, acá tengo una casa con 3 habitaciones totalmente amoblada súper cómoda. Estoy a 15 minutos de la ciudad en auto, y si quiero hacer alguna actividad como ir al gimnasio o hacer las compras estoy cerquita. Con respecto a las responsabilidades, mi título me habilitó a ir creciendo rápidamente y hoy estoy como segunda en el tambo. Tengo responsabilidades en mi cargo pero hay un gerente que está sobre mí. Trabajo 7 días por 2 libres, después unos 7 días más por 3 libres” acota.


En plena tarea en el tambo.

 

En esos períodos libres, conocer vuelve a ser su principal pasatiempo: “La mayoría de mis días libres tengo planificado un viaje, ya sea con mi hermano, mi novio o mis amigos y cuando tengo tres días libres descanso el primero y después salimos por ahí a viajar. La verdad que conocemos casi todo Nueva Zelanda porque es re fácil salir y viajar. Los lugares que más me gustaron fueron Mont Cook, que es una montaña hermosa que está en la isla sur, el Mont Tongariro, que es la montaña que aparece en la película El señor de los anillos. Después hay lagos como el Lake Tekapo, el de Wanaka y varios más. Conocemos muchísimo de Nueva Zelanda porque en cada oportunidad que tenemos salimos a conocer un lago nuevo, una montaña o algún lugar que nos queda por recorrer”.


En Google Maps, el lugar donde vive y trabaja Emilia.

 

Precios y economía estable
Con respecto a la economía Emilia suelta un dato que nos parece irreal: “hace 2 años que estoy acá y las cosas siguen valiendo lo mismo que cuando llegue. Nueva Zelanda no tiene inflación o si la tiene es imperceptible, yo no la he sentido”. Más envidia provoca el siguiente comentario: “La gente que gana el mínimo puede comer, ahorrar, viajar y darse el gusto que quiere, porque cualquier cosa material que uno quiera comprar, ya sea tecnología, un auto, lo que sea, es alcanzable con uno, dos o tres sueldos como mucho. Cualquiera que trabaja y tiene un sueldo puede acceder a lo que se proponga. Con un poquito más de sacrificio o menos, ahorrando, pero se puede, se logra”.

Respecto a lo que observa de los neozelandeses, opina que “la gente es fría pero respetuosa y cordial. La gente de campo es muy parecida a la Argentina, aún teniendo una clase social muy alta, porque están en una actividad muy estable y uno de los principales pilares de Nueva Zelanda cómo es la lechería”.

Describió el clima en donde vive (en el sur), como muy parecido al sur de Argentina, y narró que “aún tenemos días fríos en verano, pero también secos y calurosos. En cuanto a la comida expresó que “estamos un poquito más vegetarianos porque la carne acá no es como allá, no existen los cortes que tenemos en Argentina y no nos gusta tanto así que que hemos optado más por las frutas y las verduras que son bastante más rica que allá”.

 

Del futuro no se habla
“La idea es estar un par de años más acá o encarar por ahí Australia, pero no he tomado ninguna decisión por el momento. Así que no estoy segura de que voy a hacer pero por lo pronto no sería volver a Argentina” evaluó.

En realidad está muy cómoda en un lugar apacible, sin sobresaltos en el que tiene todo lo que quiere. Como a todos los larroquenses que viven en el exterior le pedimos una breve descripción del lugar, puntualmente lo que ve desde la ventana. “Desde mi ventana puedo ver dos árboles de cerezos, montañas a lo lejos, campos con vaca y mucho verde porque vivo en el campo” comenta.

Estar en la zona rural no implica estar desconectada del mundo ni de las redes: “Soy muy “celu” dependiente, muy Facebook dependiente, porque es la manera que tengo de comunicarme con mis amigos y mi familia., Tengo libre las mañanas que es un horario ideal para llamar a alguien y saber cómo están familia y mis amigos. Ayuda mucho tener esas redes sociales para saber qué hacen y ponerme al tanto del día a día”.

Por el uso horario en el que vive, recibió el año nuevo 13 horas antes que en Argentina: “Este año recibimos año nuevo en Queenstown que es una ciudad divina, tradicional de ir a esa ciudad al lado del Lago y esperar el año nuevo. Lo recibí con varios amigos, Sebastian mi hermano y Yamil mi novio”.

 


Con Yamil y Sebastián.

 

Por último y sobre esta nota que la acerca un poco a sus afectos, Emilia comentó que le “encanta poder compartir mi experiencia y promover a que alguien más se anime a esto”. También aprovechó a agradecer “a todos los que me han apoyado en este tiempo, porque aunque todo suene lindo se extraña mucho”. También deseó “muy feliz año nuevo a todos y que el 2019 venga cargado con mucho amor y paz. Muchas gracias y hasta la próxima”.

Sebastián Otero, el hermano de Emilia, llegó en noviembre a la isla sur y también comenzó a trabajar en un tambo. Compartimos algunas fotos en el trabajo y como turista.

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