Fabio volvió al parque de la estación para siempre

Desde ayer el predio municipal lleva el nombre de quien lo creó y es un lugar que ha ido integrando a la comunidad. Además, su desarrollo, es una política de estado que ha sido propiciado por las gestiones municipales que siguieron a su inauguración.

Algo de Larroque en su apellido, las primeras cinco letras y mucho o todo de Larroque en su manera de ser, en sus gestos, en la pachorra y en su filosofar. Se dirá que el cementerio está lleno de indispensables, y si, aunque la frescura de los recuerdos y la potencia de su hacer se confunden con el presente inmediato, con el ayer nomás, cuesta creer que con tanta adulta juventud y con tanto para dar, ya no esté de este lado de la vida.

Y él se fue recogiendo parte de lo que sembró en ese espacio quebrado de lagunas en época de lluvias, transformado en un parque que por ahí sigue recibiendo un poco de agua de más, pero que desde hace poco más de una década podemos disfrutar cada vez más, porque primero Fabio, después Raúl y luego Darío, le siguieron agregando valor hasta el final de sus intendencias. No se espera menos de Leo y los presidentes municipales que lo sucedan.


Por eso, porque pasó a ser patrimonio nuestro, y porque se puede seguir mejorando, es que se agradece que los concejales hayan coincidido en aprobar el homenaje con la imposición del nombre que el lugar se merece.

Pilar, la hija de Fabio, pintó anoche con lo que el corazón manda a decir, lo que su padre sintió cuando le dio forma e este hijo. El pudo andar y ver las caras de los gurises, de los jóvenes, de los adultos, de los que caminan y buscan «la línea» en sus veredas, estuvo en el SUM muchas veces, como escribano y como simple vecino y disfrutó del arte en todas sus expresiones en la sala Paoli.

Por eso Fabio es parque, por eso Fabio es Larroque