Hora de repensarnos frente a la pandemia


Con 63 casos en marzo, 28 de ellos aún activos. el mes que termina fue uno en los que más contagios se produjo desde el inicio de la pandemia. Las nuevas cepas, con una mayor capacidad de transmisión, demandan la autoimposición de controles. El avance de la vacunación sobre los grupos de riesgo, minimiza los riesgos de cuadros complicados.

Todos hemos bajado la guardia, las personas ante el cansancio que provoca la longitud de la anormalidad, maquillada como «nueva normalidad»; y el estado, un poco por lo mismo pero también para disminuir el impacto económico y los daños colaterales que la pandemia causa en otros aspectos de la salud, incluido el emocional, por tanto encierro y distanciamiento.

Sin duda que las mayores aperturas, que a veces sorprenden por el descontrol social que terminan generando, reabre el debate por el traspaso de los límites que nosotros mismos rompemos, cuando la autoridad no aplica las leyes, decretos o no controla.


Como hijos del rigor que somos, se ve que no alcanza con el empoderamiento que desde los medios de comunicación o desde el estado municipal, provincial o nacional se nos pretende hacer, al hablarnos de responsabilidad social o que en gran parte todo depende de la conducta individual.

Pero tampoco alcanzó cuando las restricciones para circular eran férreas y nos pareció un sueño que se nos permitiera salir a caminar o andar en bicicleta por los caminos vecinales.

¿Entonces?. El equilibrio quizá pase por un mensaje público que no busque relajar ni minimizar el escenario. Los más de 60 casos oficiales sumados a los que la gente no comunica, nos pone frente a una bomba de tiempo que debemos desactivar sobre la base de la realidad plena y absoluta, sin eufemismos.


Claramente, del otro lado, debemos receptar el mensaje con predisposición, asumiendo lo clave que somos en la pelea contra el virus, como personas individuales pero también con un sentido comunitario, pensando en el bienestar general, especialmente ahora, que las nuevas variantes del virus son más contagiosas, vuelven la amenaza más grave.

Pese a todo, sigue siendo cierto que, si cambiamos el cada vez más temerario «no pasa nada» cuando transponemos los límites, (si compartimos el mate por ejemplo) por el «mejor no lo hago», dará lugar a un tránsito más suave por el largo camino que nos queda por recorrer, menos riesgoso en la medida que avanza la vacunación, con un 10 % de la población ya inmunizada.