Incendio en Amazonas, incendio en las islas, tala de árboles y basura en caminos vecinales


Es casi lo mismo, ejemplos que demuestran el mismo desprecio a la naturaleza con heridas a la biodiversidad que tardarán en sanar. Fotos: Sergio Taffarel

 

 

 

 

Quizá la comparación no sea feliz pero es proporcional a la cercanía con los escenarios naturales donde cada cosa pasa y en todos los casos el fusible de la naturaleza nos avisa que el efecto dominó que empieza en una punta, terminará volteando la última ficha y será la que nos caiga a nosotros mismos.

Los admirables observadores que gozan de nuestros caminos rurales, al caminar y descubrir como la vida se abre camino cuando las condiciones son adecuadas, con las aves migratorias que vienen o se van o con las que son parte permanente de nuestro entorno, sienten que la cuarentena les ha cobrado otro precio.


Aunque los árboles crecen descontroladamente, y en algunas zonas tocan sus copas creando casi una calle techada, donde la humedad crea pantanos y es necesario emprolijarlos, en muchas otras, los espinillos, talas y aromos que han crecido clandestinamente en las últimas décadas de este lado del alambrado, son casi el único refugio de decenas de especies a los que les cuesta encontrar árboles del otro lado del alambrado.

Esos corredores verdes, que despeinan las ondulaciones cada vez más cultivadas de nuestro paisaje, deberían ser considerados reservas de vida y debería haber una ley provincial que los proteja de las motosierras furtivas que proliferaron en tiempos de pandemia, como cable a tierra de los que ya no pueden cortar árboles cerca del río Gualeguay, al menos en el Corralito o en los campos privados linderos.

Pero no es la única amenaza para la fauna voladora o terrestre; personas que comercian atrapando aves que resultan exóticas para quienes las compran, llevado de a decenas cardenales y otras especies, o los que andan de caza con rifles, terminan matando o por lo menos espantando a los que no son enjauladas.


Por eso nos parecemos un poco a los piromaníacos de la selva amazónica o de las islas del delta paranaense, porque si bien no andamos incendiando campos, cazamos o atrapamos aves, cortamos árboles o tiramos basura donde nos queda bien. ¿Nos caerá la ficha?,