José Ignacio, el perro héroe que salvó cuatro vidas


Es la mascota de Mailén y Rodrigo, la pareja que sufrió un principio de intoxicación por un escape de gas y que cuando dormían fueron alertados por el animal y así lograron salir de una situación que pudo haber sido trágica. Pero ese episodio aceleró la llegada de Amanda, la bebé que por el estrés que sufrió su mamá, los médicos decidieran que naciera antes de la fecha indicada. El relato de Rodrigo Ipperi.

 

 

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El 15 de julio nació Amanda Ipperi Novoa y fue un milagro de «san José», porque José Ignacio, el perro de la casa, a pesar de estar afectado por la inhalación de gas -que hacía por lo menos unas cinco horas que se esparcía por las habitaciones- saltó a la cama, despertó a la pareja y con su actitud y un aspecto algo extraño que preocupó a sus dueños, obligó a que le prestaran atención.


Eran las cuatro de la mañana cuando el labrador los despertó, estaba tembloroso, se sacudía y tenía los ojos llorosos, después se darían cuenta que eran síntomas avanzados de intoxicaciónn del gas que se emanaba desde la conexión de un calefactor. Así fue que sacaron a José a un patio, por si estaba descompuesto o vomitaba y cuando los dos volvieron a entrar a la casa se dieron cuenta del gran olor a gas que había y que era la razón del estado del perro y de la sensación de cansancio que sintieron a pesar que se acostaron temprano.

Esto fue una síntesis de lo que pudo ser algo mucho peor. Si ese perro no estaba allí en ese momento y la cantidad de gas en el ambiente aumentaba, cualquier cosa podría haber pasado. Cuando se inhala gas y se está despierto, lo primero que se siente es dolor de cabeza, mareo y nauseas. Si la intoxicación avanza puede haber convulsiones y pérdida de reflejos y después… mejor ni pensarlo. Pero si se está dormido, la lenta incorporación de gas en el aire que se respira puede hacer que todo ese proceso ocurra de manera imperceptible, por lo que la presencia y reacción de «José Ignacio» seguramente cortó esa línea de tiempo con final incierto.

Cortar el suministro de gas y ventilar toda la casa fueron las reacciones inmediatas, que sirvieron para salir de la situación, pero la cefalea, el cansancio y especialmente el golpe emocional, echaron a andar otro proceso, el del nacimiento de Amanda. Por supuesto que consultaron al médico y chequearon el estado de la bebé -que tenía fecha para nacer una semana después- y además quedaron atentos que en caso de aparecer complicaciones debían presentarse en la guardia.


Y fue lo que pasó, a la tarde Mailén no se sintió bien, la presión arterial había escalado y se mantenía alta y eso terminó por decidir a la Ginecóloga que atendía a la futura mamá, que era el momento de que Amanda naciera.

Una hora y media después le bebé estaba en brazos de la mamá, que lloraba con una doble carga emocional, producto de sensaciones que hay que vivirlas para sentirlas y que ninguna redacción ni relato pueden acercarse a describir.

Ahora saben que un calefactor estuvo varias horas perdiendo gas, posiblemente por un golpe involuntario que Rodrigo le dio con una escalera mientras hacía tareas de mantenimiento en la casa. El gasista que revisó el calefactor encontró una pérdida que era tan grande que la presión con la que salía impedía que se formaran burbujas con el detergente que utilizó para buscar una posible pérdida. También saben y aconsejan lo importante que es revisar periódicamente las instalaciones de los artefactos.

Pero también están seguros que tienen un perro con el que pueden contar en las malas, «José Ignacio», cuyo nombre les recuerda otro episodio que vivieron juntos por el que también consideran haber nacido otra vez.

Hoy la felicidad es plena, con una familia que se agrandó y que además de la bella y muy mimada Amandita, tiene en su perrito labrador a un custodio a prueba de todo que salvó la vida de ellos, de la bebé y la suya.