Jóvenes de Larroque dan su opinión sobre la legalización del aborto      

Alrededor de doscientos jóvenes larroquenses adhirieron durante el transcurso del fin de semana a una carta dirigida al diputado Atilio Benedetti con el objetivo de expresar una serie de motivos a favor del proyecto de ley que se discutirá el miércoles 13 de junio en la Cámara de Diputados.  Lo que sigue es una nota redactada por ese grupo que pidió este espacio en Periódico Acción.

 

En la encuesta más reciente que se realizó a nivel nacional, a cargo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), el 60% de los argentinos se manifestó a favor de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Ese número aumenta al 68% si se focaliza en la franja más joven de la sociedad (entre 16 y 39 años). Larroque no pareciera ser una excepción: en solo dos días la carta tuvo un contundente respaldo por su población juvenil.

 

A continuación, el texto completo:

Estimado Diputado Atilio Benedetti,

En los próximos días se dará en la Cámara de Diputados un debate histórico en relación al proyecto de legalización de la interrupción del embarazo.

El problema en cuestión difiere de la mayoría de los que se discuten en el Parlamento por no seguir una lógica estrictamente partidaria y dar lugar a alianzas entre actores que, en principio, parecieran tener poco en común. Creemos que esta condición fortalece, independientemente de los resultados, al sistema democrático republicano, en la medida en que obliga a cada uno de los representantes a tomar una posición en base a los testimonios y argumentos que los y las integrantes de la sociedad civil a quienes representan han expuesto a lo largo de estos meses. La prueba de esta definición un tanto abstracta es que legisladores que en un principio manifestaron una posición han logrado modificarla al calor del debate.

Al día de hoy el resultado de la votación no está definido. El número de legisladores a favor y en contra de la iniciativa es prácticamente equivalente, por lo que la balanza la inclinarán aquellos y aquellas que por uno u otro motivo se mantienen indecisos/as. Estamos convencidos de que el principio que debe guiar a un legislador en su labor es perseguir lo que considera sinceramente que es el bien común.  Dilucidar, en casos tan complejos como este, dónde está y dónde deja de estar el bien común es una tarea muy difícil. Sabemos por la prensa que ese es su caso, y también sabemos que en declaraciones recientes ha manifestado que no descarta votar a favor de la despenalización. Los y las que firmamos esta carta queremos darle nuestro apoyo y plantear algunas de las razones por las que creemos que debe acompañar el proyecto con su voto:

  • En la historia de nuestra legislación, pero también en la de muchísimos otros países, se han dado discusiones que, en su momento, compartieron las características de esta (polarización de la sociedad, reacciones de diferentes grupos) y que, sin embargo, hoy nos resultan sorprendentes o anacrónicas. Dos ejemplos de esto son el voto femenino y la ley de divorcio, instrumentos que hoy tomamos con la mayor de las naturalidades y de los que resultaría insólito escuchar manifestaciones en contra.

 

  • La Argentina es un país que ha estado, desde el retorno de la democracia, a la vanguardia en materia de derechos humanos, protección de los derechos individuales y exigencia de igualdad entre las personas. Aún con todas las dificultades que se nos han presentado y presentan en el terreno económico, en materia de derechos humanos hemos seguido la dirección de los países más desarrollados. La mayoría de ellos ha despenalizado el aborto. Inclusive un país como Italia, con una tradición católica igual de fuerte que la nuestra, cumplió hace unos días el aniversario nº 40 de la sanción de la ley, que se dio el 22 de mayo de 1978.

Esta tendencia se ha dado de manera sistemática e ininterrumpida en los países democráticos más desarrollados. Es cuestión de tiempo para que el aborto sea legal en la Argentina. Puede no ser ahora, pero sin duda lo será en el futuro más o menos cercano, porque este no es un país que acostumbre a quedarse atrás en este tipo de cosas, y nada nos puede hacer pensar que esta será la excepción.

 

  • Se han escuchado en estos días declaraciones que han significado un acto de grandeza por parte de los que la pronunciaron. Varios diputados y diputadas que por razones religiosas o morales rechazan la práctica del aborto han decidido dejar de lado su posición íntima al ponerlas en la balanza con aquello que todo político debería considerar en primer lugar: la realidad de las personas, sus condiciones de vida físicas, psicológicas y emocionales. Esta consideración sobre la vida real de las personas nos conduce a un dato innegable: en la Argentina se hacen abortos y se van a seguir haciendo. Las cifras que presenta el Ministerio de Salud son más que elocuentes: por año se realizan entre 370.000 y 520.000 abortos, entre legales e ilegales. El principio del bien común, en este caso, pasa mucho más por ver cómo se va a contener a las mujeres que deciden pasar por eso, si se las va a acompañar en esos momentos tan duros, que pueden hasta volverse peligrosos, o se las va a dejar a su suerte.

 

  • Creemos que la pregunta fundamental que debemos hacernos hoy es si queremos que el Estado argentino siga prohibiendo una práctica que realizan miles de mujeres, y que por hacerla se ven expuestas a la clandestinidad, el trauma, diversas afecciones a la salud y, en el peor de los casos, la muerte. Podemos preguntarnos también si queremos que las mujeres que abortan se sientan perseguidas como si fueran ladronas o asesinas. Todos conocemos a una familiar, una vecina, la hija de un amigo o una compañera de trabajo que pasó por un aborto. Seguramente haya entre las firmantes de esta misma carta, y lo que es peor, entre las firmantes de las varias que circularon en contra de la legalización (el ex presidente Carlos Saúl Menem, uno de los nombres que aparece en un documento contrario a la legalización que se publicó ayer, le pagó un aborto en 1968 a su ex mujer Zulema Yoma, algo que ella misma ha relatado en más de una ocasión), mujeres que pasaron por esa experiencia. También sabemos que muchas mueren y algunas no superan el golpe psicológico de una experiencia que las marca para siempre, golpe ocasionado más por la marginalidad y la vulnerabilidad a las que las obligó la ilegalidad del aborto que por la práctica en sí misma.

 

  • Pero inclusive si en el fuero interno, por los motivos que fuesen, estamos en contra de la práctica del aborto; si lo que buscamos es que en la Argentina se hagan menos abortos y no más, como persigue la mayoría, hay un dato innegable: los países que legalizaron el aborto, y que acompañaron esa legalización con educación y concientización, redujeron su cantidad. Legalizar el aborto permite tener datos precisos de cuántos se realizan, qué grupo social es el más afectado, qué lugares, y esa discriminación de información permite generar campañas de educación sexual y concientización focalizadas. Con la legalización en España, por ejemplo, se pasó de una tasa de 11,49 abortos cada 1000 mujeres en 2010 a 10,36 abortos cada 1000 mujeres en 2016 (en números absolutos: 20.000 abortos menos). En Uruguay, por otra parte, la tasa de mujeres muertas por abortos o derivados ha disminuido drásticamente y tiende a 0. La legalización del aborto es el mejor incentivo para capacitar a la población respecto de todas las otras alternativas que tienen a su disposición y, sobre todo, con educación sexual, para no llegar a la situación de tener que decidir sobre algo así, y si se llegara, para hacerlo en las mejores condiciones sanitarias y psicológicas posibles.

 

Para terminar esta carta, queremos destacar que la mayoría de sus firmantes pertenecen a una generación nacida en democracia. Somos, en definitiva, aquellos y aquellas a los que afectará esta ley de manera más prolongada. En el inicio de la asamblea legislativa del año 1983, el presidente Raúl Alfonsín alentó a los diputados y senadores de entonces a trabajar por el futuro, juzgando este trabajo como una de las claves de la democracia. Estas fueron sus palabras:

 

Nosotros vamos a trabajar para el futuro. La democracia trabaja para el

futuro, pero para un futuro tangible (…) Nos empeñaremos en la lucha por la

conquista de un futuro previsible, porque negarnos a luchar por mejorar las

condiciones en que viven los hombres, y por mejorar a los hombres mismos,

en términos previsibles, sería hundirnos en la ciénaga del conformismo.

 

Esperamos que resuenen en usted tanto como en nosotros y lo acompañen a la hora de dar su voto el miércoles 13 de junio.

 

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