La escuela 43 de Cuchilla Redonda descubrió una placa en conmemoración de sus 90 años

Ex alumnos y ex docentes de la escuela José María Ramos Mejía, participaron del acto en el que también se cerró el ciclo lectivo 2021. Mucha emoción despertaron los testimonios que recordaron cómo se fundó la «Escuelita de Lata» que aún sigue en pie y al homenajear a personas fallecidas que integraron la comunidad educativa, que colaboraron en la reapertura del establecimiento hace tres años.

 

Si algo caracterizó al acto de la mañana de viernes en el patio de la escuela Nº 43, fue la emoción. Así se cerró el año escolar en el que se cumplieron 90 años de tarea educativa en un encuentro en que los sentimientos afloraron a raudales.

Decenas de personas se reunieron en torno al edificio inaugurado en 1982, a metros del «monumento de chapa de cinc», estrenado en 1931, que durante más de medio siglo contuvo a toda la gurisada de Cuchilla Redonda.

 

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Las «Normas» Uranga, Custinato y Fiorotto, ex docentes y ex alumna respectivamente, otros ex habitantes escolares de esos dos edificios, con los actuales alumnos, la «Seño» Gabriela, familiares que componen la comunidad educativa, vecinos y la presencia de los padrinos Walter y Silvana, transformaron la habitual, pero mágica actividad cotidiana de «enseñar para cambiar el mundo»,  que todas las mañanas se vive en el paraje rural.

También estuvieron presentes la supervisora zonal Lucrecia Reyn y las directoras de las escuelas Evaristo Carriego y Provincia de Misiones, esta última con su bandera de ceremonia y abanderados.

Emociones
En sus palabras, la actual directora hizo una primer mención a «todos lo que construyeron la historia de la escuela, los que estamos ahora acá y los que ya se fueron y que recordamos con emoción». Tuvo una sentida evocación (y agradecimiento de la colaboración permanente a la familia) para Angélica Denoni de Benedetti, lo mismo que luego hizo la ex alumna Carina Fiorotto, que sumó en el homenaje a Ruli Denardi.

Dos porta retratos con las fotos de esas personas fallecidas este año, y que tanto aportaron a la vida de la escuela durante muchos años -y a la reapertura de hace tres años- fueron colocados en el pedestal del mástil.

Las fotos de Ruli y Angélica, y de fondo, la escuela de lata.

También se agradeció a las familias de los alumnos, a los vecinos que colaboran y los aportes que  realizó el municipio de Larroque, y especialmente al de Carbó, que donó la placa y puso a disposición su personal para diferentes tareas, como desmalezar el predio y para los trabajos de pintura. También a la empresa Nogopait, que donó el latex y otros insumos que hicieron que la escuela luciera vestida para la ocasión, luminosa y patriótica.

Una torta con forma de 90, una canción interpretada por los alumnos de la escuela que después recibieron obsequios de los padrinos, se mezclaron en una mañana de lágrimas, sonrisas y reencuentros.

Como no podía ser de otro modo, todo eso dio lugar a la nostalgia y a recrear aquellos tiempos de la infancia, de la multitud de alumnos, de las paredes de la «escuelita de lata» que hacía sentir el rigor del invierno, con el deambular de los bancos para esquivar el goteo del techo, el verano de puertas y ventanas abiertas o clases bajo los árboles, o el invento para facilitar que los alumnos «de a caballo» suban a sus vehículos de cuatro patas.

Todo es recuerdo, y también presente, con menos alumnos en todas las escuelas rurales, pero con la misma pasión por educar y hacer de esos lugares -con caminos de tierra donde la lluvia manda- un espacio vital donde resistir el despoblamiento del campo.