La historia del Banco Mesopotámico contada por uno de sus impulsores

Enrique Castiglioni recordó lo que fue la creación de la primer sucursal de la Cooperativa de Crédito de Gualeguaychú en Larroque que terminó convirtiéndose en una de las 26 sedes que el Banco Mesopotámico tuvo en el país. Funcionó entre 1978 y 1986 hasta que el banco Central decretó su liquidación. Nombró a los vecinos larroquenses que formaron parte del consejo asesor.



La de Larroque fue la primer sucursal de la cooperativa de crédito de Gualeguaychú y estaba a cargo del propio Castiglioni. Había sido creada el 28 de febrero de 1978 y funcionaba en el edificio que actualmente ocupa la Biblioteca Popular Juan Bautista Alberdi. En noviembre de ese mismo año se transformó en Banco Mesopotámico.

Esos recuerdos del histórico dirigente que hoy anda por los 80 años de edad, incluyen a los integrantes de la comisión asesora, una suerte de directorio que emitía su opinión, por ejemplo, sobre los tomadores de crédito.  “Fue designado presidente Vicente Francisco De Zan y el primer gerente que tuvo la sucursal fue Héctor Cabrera, el segundo fue Armando González y el tercero fue Armando Piscini. Otros integrantes que Castiglioni recuerda de aquella comisión fueron Ricardo De Miguel, Horacio Galdóz, José María Pereyro, Juan Neme, Bernado Couchot, Hugo De Zan, Raúl Taffarel, Mario de Zan, Mario Carboni, Eduardo Fiorotto, Felix Tronco, Raúl Mettler, Oscar Fiorotto, Walberto Fiorotto.

“Consideramos que era una zona potencialmente muy importante, que solamente existía el Banco de Entre Ríos y por el conocimiento que teníamos sabíamos que había posibilidades económicas muy buenas y eso se tradujo en que la sucrusal funcionó muy bien, tuvimos una muy buena recuadación en depósitos y también fuimos muy ágiles en temas de créditos”.

También añadió que “sobre las 26 sucursales, 19 teníamos edificios propios y en 14 de esas 26 sucursales éramos líderes en depósitos y préstamos. La presencia del consejo asesor nos daba la posibilidad de que estuvieran bien otorgados los créditos y muy ágiles en el otorgamiento”.

En la nota para escuchar, también habló de lo que hoy son las funciones limitada de la caja de crédito de Gualeguaychú, de la oportunidad que surge en Larroque con el anuncio de la  futura llegada de una sucursal del Banco Nación a Larroque



Del libro Blanco

En lo que fue la presentación del libro en el que relata la historia del Mesopotámico, el dirigente contó que la entidad cooperativa llegó a tener 156.000 asociados, 550 empleados y 26 sucursales, repartidas en su mayoría en territorio entrerriano, Corrientes y Misiones, y una casa en Capital Federal.

“Mientras funcionó jamás tuvimos un quebranto”, afirmó Castiglioni en una entrevista, agregando de inmediato que esto se debía “al factor de confianza mutua, lo que nos permitía que de cada 10 pesos de depósito que tenía la cooperativa, nueve fueran destinados a préstamos y uno al encaje. Esto refleja la confianza que existía entre la institución y sus clientes: era ahorro que se volvía a volcar al circuito local bajo la forma de financiamiento”.

“Pero el éxito cooperativo no les gustaba a los banqueros y en la época del señor Martínez de Hoz se nos comunicó que debíamos convertirnos en una caja de crédito o un banco cooperativo”.

El Plan Austral, el desagio, la baja en las tasas de interés bancario con la quita de los depósitos particulares, más el frustrado intento de fusión con el Banco BICA para sostener a flote la entidad fueron recordados por Castiglioni, así como el momento en que debió hacer entrega del Banco.

“El 15 julio de 1986 se presentaron 14 funcionarios del Banco Central, encabezados por el doctor Larcher, en la casa central de nuestro banco, en Bolívar y Rocamora. El presidente Mario Bustelo, juntamente con el gerente general el ingeniero Carlos Pérez Tiribelli, estaban en Buenos Aires haciendo gestiones con la Federación de Bancos Cooperativos. Y el secretario, Bernardo Spektor, estaba en su casa con hipertensión. Fui yo entonces quien entregó el banco”, relató.

“Tras la liquidación se procedió a la venta de todos los bienes inmuebles, 19 edificios propios, entre ellos éste que por suerte fue adquirido por la Cooperativa Eléctrica. También se vendieron los bienes muebles y con el producido, además de recuperarse los créditos otorgados, el Central se quedó con un remanente de 14 millones de pesos”.

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