Las emotivas palabras de Celia Taffarel y el recuerdo a María Esther y Olguita


La directora de Coral Larroque dedicó unas valiosas palabras en memoria de dos enormes mujeres que brillan desde la herencia imperecedera que nos dejaron.

Hace 11 años bajo una persistente llovizna algunos copoblanos esperábamos con profundo silencio y húmeda tristeza los restos de la hija pródiga que regresaba adescansar para siempre en el `pueblo que la vio nacer.

La espera fue larga y el plomizo cielo nos cubría haciendo aún más triste la congoja de recibir en ese lugar, tan caro a los sentimientos de la escritora, el cortejo fúnebre de la querida María Esther.
Aquella mujercita que nos dio un ejemplo de grandeza y humildad al legarnos su casa, el nidito que inspiró tantas historias y alberga una mágica belleza.


Imposible olvidar su mirada transparente, sus movimientos rápidos, sus gestos simpáticos y esa voz tan particular que cuando uno lee sus libros resuena en cada palabra, en cada frase como si fuera ella misma la que te relatara.

Tuvimos la suerte de conocerla de cerca, nos abrió su corazón, su departamento en Buenos Aires, nos acercó a la Feria del Libro, nunca nos negó una nota o una entrevista.

Así era ella, auténtica, sin vueltas…quizá en vida su pueblo no supo valorar tamaño talento y la grandeza de su persona. Muchos se ofendieron por la descripción tan fiel y acertada del pueblo en uno de los cuentos de su exitoso libro «Los que comimos a Solis». Cuando releemos sus páginas escritas en los años 60 miramos por el retrovisor y comprobamos que la descripción que hizo de Larroque es tan auténtica como ella.


También tuvimos la suerte de asistir con algunos amigos a la presentación de su último libro, sus memorias donde la editorial que publicara sus novelas históricas hizo un pormenorizado análisis de la rica obra de María Esther.

Luego de su desaparición física, en un homenaje que el pueblo le rindió en La Tera, me encomendaron decir unas palabras y leer el poema de Olguita. Ella no podía venir a hacerlo… terminé el poema con la misma congoja que siento mientras escribo este recuerdo…una tarde soleada, rodeados de sus árboles, el canto de los pájaros que los anidan y las palabras sentidas de otra talentosa poeta, plástica, escritora que la despedía…

Hoy nos faltan las dos, Olga y Maria Esther sin embargo viven en cada larroquense que las conoció o que toma uno de sus libros y atesora sus palabras.
Gracias! a estas dos mujeres de Larroque que hicieron tanto por la cultura y que merecen ser recordadas siempre.

«Vuelven los pequeños pies, símbolos del alma,

a trazar un legado de verde y viento,

cardones de luces en los campos tallados en trigales,

y más allá el sueño, las visiones hundidas en la piel y en los huesos.

Es tarde en la noche y alguien enciende las páginas del libro,

entonces la escritura derrama un hambre distinto y bello

y el ser aquieta el vértigo del día mientras lee

lo que una mujer alguna vez narró para él

y unió en sus manos las mismas líneas de este suelo,» ( fragmento de la poesía de Olga lonardi)