“María Esther, evocada por Daniela” en la presentación de un libro imperdible

La crónica es de Roberto Romani, el asesor cultural de Entre Ríos, en la presentación del libro “Invitados al Paraíso de María Esther de Miguel”. Fotos de Silvina González.

 

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El clima determinó que el evento en que Daniela Churruarín presentaba el primer libro de su autoría, cambiara de escenario, de “La Tera” a la sala de teatro en un día que se pareció demasiado a aquel en que la célebre escritora regresara para siempre a su inspiradora Larroque.

Estaban todos: sus familiares, los amigos, sus admiradores, y Daniela, esa niña a quien Marìa Esther deslumbró desde pequeña, depositaria de la semilla literaria que el sábado dio el primer fruto impreso, de una cosecha que ojalá sea amplia.

La seguirán otros libros o el valioso aporte de su carrera docente, o nuevos proyectos que quizá se expresen en esas ideas innovadoras que plasma en la Biblioteca o en la feria del libro, sabiéndose rodear de gente útil a la altura de su talento, como esta vez Manuel Londra, maestro del lápiz y de la humildad.

Compartimos las palabras de Roberto, y sus sensaciones de un sábado en que la ciudad vuelve a sentir de cerca a María Esther:

Un lluvioso y lejano lunes 28 de julio, después que los alumnos de la Escuela Córdoba saludaran su paso con pañuelos blancos, depositamos sus ojos celestes en el viejo cementerio de Larroque. Quince años después, un lluvioso y cercano sábado 7 de abril, en el Salón Padre Paoli, de Larroque, acompañamos a Daniela Churruarín que nos invitó a recorrer el paraíso de María Esther de Miguel.

Las palabras de Norberto, la bienvenida de Carina, un bellísimo audiovisual y luego la mirada y el análisis de Valeria, Mariana y Alejandra , antes que la responsable del acontecimiento literario comentara con emoción las diferentes etapas del sueño y la realización.

Fue un momento maravilloso; resultó un mediodía inolvidable. Todos experimentamos esa rara y bella sensación de los instantes únicos; de los minutos irrepetibles.

Yo, como tantos receptores de la generosa primavera del alma que sembró la cuentista y novelista larroquense a través de los libros y de su propia vida, fui a contarle a mi madre sobre las alternativas felices de la ceremonia afectiva, mientras recordaba con lágrimas aquel poema que, en nombre de todos, dibujé una tardecita, bajo la sombra de los árboles conocidos, junto a los duendes de La Tera:
“María Esther, la hacedora/ del milagro que me alcanza/ lucirás entre nosotros/ flores de sol, perfumadas/ alumbrando el escenario/ donde el público te aplauda/. Siempre habrá en tu pueblo chico/ María Esther de las palabras/ un poeta solitario/ que levante su proclama/ con tu risa, con tus ojos/ con tu voz enamorada/ para que siempre regreses/ terita de la nostalgia/”.