Para volver a escuchar y tener memoria: Una charla con Mary Ovalle y un cierre musical


Hoy se cumplen 44 años de una fecha que marcó la historia de nuestro país para siempre y que este día de la Memoria, la Verdad y la Justicia nos hace recordar con dolor y mucho más en aquellas personas que vivieron las penurias de aquellos años. Entre ellas la larroquense María del Carmen Ovalle, a quien entrevistamos hace un tiempo y hoy queremos recordar esa charla emotiva, atravesada por la música, los recuerdos y la entereza de una gran mujer.

 

 

 

 

UN AÑO MÁS DEL SANGRIENTO GOLPE CÍVICO MILITAR EN
NUESTRA ARGENTINA 1976-1983

El golpe de Estado de 1976 —denominado…

Publicado por María Del Carmen Ovalle en Lunes, 23 de marzo de 2020

 

 

Pare leer: Nota de Marzo del año 2001 en Periódico Acción de Larroque

Parte de la vida de María del Carmen Ovalle está en una nebulosa, flota difusamente en lo que llaman la memoria colectiva, bastante amnésica en este asunto en particular. Nunca hubo muchas precisiones, y aunque se supo que bien no la pasó, tampoco la gente se acercó a com­padecerse, ella no lo hubiera aceptado. De ella se dijo que participó de la actividad subversi­va, que era una revolucionaria y que pudo estar vinculada a grupos sediciosos a quienes se les adjudicaron atentados terroristas. De hecho fue arrestada durante más de 8 años acusada de trabajar, supuestamente, a favor de oscuros objetivos que atentaban contra el orden que se quería imponer desde el gobierno militar. Es entonces que pasa a formar parte de las “listas negras”.


En su relato, descubrimos a una mujer de in­tenso vivir, ligada a la educación, al trabajo social ya la militancia gremial, condiciones que por aquellos días conformaban tres buenas razones para ser sospechada.

Su infancia transcurrió en el domicilio de calle 25 de Mayo, a un paso de la vía, allí funciona­ba el bar «el uruguayo» muy frecuentado por los colonos que vendían sus productos en el viejo Molino harinero, frente al bar.

«Si no estabas de un lado estabas del otro»


Mary culminó sus estudios secundarios en el Colegio Villa Malvina de Gualeguaychú, en el cual también se recibió de maestra, fue allí donde ella consi­dera un despertar de sus emociones a lo so­cial: «No guardo un buen recuerdo de esa etapa –asegura- veía un trato discriminatorio hacia algu­nas internas, había mucha hipocresía por par­te de las monjas, yo era rebelde y les decía todo lo que pensaba. Hace algunos años, ha­blando con la monja con la que más problemas había tenido, le dije que realmente viendo de la perspectiva educativa, ellas no estaban ca­pacitadas para estar en contacto con adoles­centes »

En el 60 Mary se radica en Paraná donde en cinco años logra terminar una carrera univer­sitaria, Profesora en Ciencias de la Educación. «Con el golpe de Onganía desmantelaron la Facultad, se hace cargo un interventor pues­to por los militares y los mejores profesores se fueron, yo trabajaba ahí y al denunciar una serie de negociados no me renovaron el con­trato.

La primer tarea educativa en la formación do­cente fue en Sauce de Luna, se quedó sin tra­bajo al no aceptar ser extorsionada por el pre­sidente de la cooperadora del colegio que le pedía que apruebe a su hijo en un examen final. Frontal y sincera señala que esas actitu­des eran la prueba de una irrenunciable op­ción a una línea de conducta «por una ética docente – afirma – a mí no me extorsionaba nadie, lo tenía clarito».

Al tiempo de este trabajo (año 66), se desem­peñaba en el Centro de Documentación de la Facultad. Posteriormente trabajó en el hospi­tal Psiquiátrico Roballos, luego creó junto a sus colegas una guardería-jardín y más tarde, en el 69 se dedica plenamente a la formación docente combinando el tiempo con activida­des sociales que desarrollaba en una villa, dando clases en una escuela creada con la participación activa de los vecinos.

Lo gremial se plasmó en la militancia en aso­ciaciones docentes de Paraná y Santa Fe, en esta última ciudad trabajó más fuertemente. “Allá por los 70 todos de alguna manera par­ticipábamos en política, por que sino estabas de un lado estabas del otro, yo tenía simpatía por determinados grupos que demostraban tener proyectos, en particular por el Partido Revolucionario de los trabajadores liderado por Mario Santucho, ellos se planteaban “la guerra popular y prolongada” en ese momen­to estaba la influencia del “Che”, de la guerra de Vietnam, de la guerra de guerrillas y se creía que se iba a llegar al poder mediante esa metodología, finalmente se cometieron mu­chos errores políticos, pero a pesar de eso fue una generación que se jugó, bien o mal pero se jugó».

“Yo ha esto nunca lo usé como bandera”

Mary carga con el peso de saberse el testimo­nio vivo de esa legión a la que antes hacía referencia, un estigma que siempre la acom­pañará íntimamente, que por un lado le causa dolor y por el otro la impulsa al recuerdo en homenaje a los que “NUNCA MAS” pudieron hablar. Resignada dice “mucha gente nos ve como los que podemos atestiguar realmen­te lo que pasó y por eso no quieren hablar con nosotros”. Exteriorizar esa procesión interna no es algo que salga de ella por propio motivo, “Yo a esto nunca lo usé como bandera, si mis alumnos se enteraron fue por otros motivos, nunca lo negué, pero nunca lo usé, yo me tenía que insertar nuevamente en la docencia, brindando lo máximo a esta nueva juventud pero sin adoctrinar ni condicionar a nadie, la elección política debe ser libre, eso me parece un principio fundamental de la educación, una prima mía me echó en cara por que no le había contado más cosas, por que vos tenés que te­ner tu propia experiencia y tu propio pensa­miento de las cosas, le dije”

«Veíamos al mundial 78 como una gran pantalla»

La detención se produjo en mayo del 75 al re­gresar de Santa Fe, casi por casualidad, cuan­do llegó a su casa se encontró con la policía que estaba rastrillando la ciudad buscando un auto con las mismas características que el de Mary, un Peugeot que habían visto en una ac­ción de un grupo político en el aeropuerto.

Estar conectados con la realidad del mundo dependía de los familiares “no todo llegaba a nosotros, sabíamos que había desaparecidos, pero como las charlas se hacían por locutorio todo era muy controlado y había cosas que no se podían hablar” comentó Mary. Algunas noticias llegaban tal cual sucedían, pero una en particular col­maba de indignación a los detenidos: el mun­dial de futbol.  “Ponían las radios a todo volu­men, nosotros veíamos al mundial 78 como una gran pantalla para tapar la realidad, algunos llegaban a festejar. Después en la guerra en Malvinas nos daban los diarios, así nos ente­rábamos de los discursos, y de los fracasos militares, y eso alimentaba nuestras quejas y manifestaciones hacia ellos”.

La cárcel de Villa de Voto era la vidriera donde los detenidos tenían contacto con organismos internacionales de derechos humanos como la OEA Cruz Roja o Amnesty “era la cárcel legal, por eso llegaban hasta ahí a vernos, esos días comíamos bárbaro, en las entrevistas que te­níamos denunciábamos la existencia de des­aparecidos, incluso de algunos que aparente­mente salían en libertad, pero que no llegaban a ningún lado».

«Me dieron muchos golpes y picana»

Sobrevino luego el infierno de su paso por varias comisarias en la que fue torturada, lo que viene es el alegato crudo de la salvaje me­todología aplicada en el cuerpo de una menu­da mujer de 30 años: “Las torturas consistían en sesiones de golpes y picanas, esos golpes me origi­naron una afección renal de por vida que me obliga a un tratamiento continuo, me dieron una golpiza entre tres hombres, te desnudan y te pegan y te pegan, me gritaban: “te vamos a dejar sin ovarios”. La desmedida violencia cau­só un shock sanguíneo que prácticamente pa­ralizó el cuerpo de Mary, pero que no llegó a perder el conocimiento. “La tercera vez que me sacan para torturame ya no reacciono y me pasean encapuchada por varios hospitales, hasta que me dejan en un hospital de Santa Fe, siempre como detenida e incomunicada. El médico que me atendió dijo que no se hacía cargo de mí por que para él me moría, mi cuer­po era un solo hematoma. Allí me localizó Tesio, un ex gobernador radical de esa provin­cia que era el padre de una compañera de tra­bajo, creo que eso me salvó la vida, luego mi madre llega al hospital pero no dejan que me vea, ella siempre me siguió a todos los lugares de detención”.

Tras su milagrosa recuperación la trasladan a otro centro de detención llamado “de tránsi­to” luego un Juez le toma declaración y le le­vanta la incomunicación. Seis meses después la llevan al Buen Pastor y cuando se produce el golpe de Videla, la trasladan a un lugar que califica como terrible: la Guardia de Infantería Reforzada, siempre en Santa Fe. El destino siguiente fue Villa de Voto, donde permaneció seis años y medio hasta que la llevan a Eseiza y de ahí a Paraná donde sale con libertad condicional. El cautiverio estaba fundamentado por la “justicia” como Propaganda subversiva e infracción a la ley 840. Apareció también un indulto, el que no firmó pues según Mary, hubiera significado reconocer una culpabilidad que no tenía. Fue extorsionada a firmar además documentos donde reconocía pertenecer a grupos extremistas a cambio de libertad o beneficios, lo que también significaba una reivindicación al accionar represor, tampoco los firmó. En total fueron 8 años, 1 mes y 20 días de detención en que convivió con mujeres de su misma corriente de pensamiento pero también con prostitutas, personas éstas a las que aprendió a respetar por encima de los prejuicios. “eran muy solidarias con nosotras, nos defendían cuando las celadoras nos destrataban”

“Es duro volver a enfrentar al mundo”

En las palabras de Mary entendemos que quedar libre debió ser como aquellos pacientes que tienen una benda en los ojos y que al quitársela deben entrar de a poco en la luz: “Estás tan acostumbrada a estar encerrada que es duro enfrentarte con el mundo, además tu casa ya no es tu casa, no está tu trabajo, ni mis libros tenía, se habían llevado todo, te encontrás con las manos vacías”

El 29 de junio del 83 Mary es liberada y se encuentra sola en Paraná, “en mi casa vivía otra gente, lo primero que hice fue telefonear a mi madre, Maruca, ella fue a hasta allá, creo que la llevó Hugo De Zan”.

Otro cantar fue su retorno a Larroque. “Yo esta­ba muy tranquila, andaba por todos lados pero la gente me veía como un bicho raro, salvo mi familia claro, gente amiga me confiaba que mu­chos decían: no te juntes con esa que es una subversiva, lo que es a mí esos nunca me pre­guntaban nada, inclusive esta es la primera nota que me hacen, supongo que muchos quieren olvi­darse rápidamente de todo lo que pasó o quie­ren ignorarlo.

El primer trabajo de esa nueva vida fue como secretaria del Doctor Paiva, luego trabajó en el ex Colegio Nacional, en el CENS y en Horizontes. Actualmente trabaja en la Capital Federal en el Instituto Superior de Profesorado Joaquín B. González, hasta hace poco se des­empeñó como Vicerectora, ahora es docente con todas las horas cátedra en esa institución. No se casó ni tuvo hijos “de sobra tengo con mis sobrinos” –bromea. Vuelve a nuestra ciudad cada vez que se hace tiempo, especialmente en verano por que se confiesa una amante de la natación y concu­rre asiduamente a la pileta del Complejo Polideportivo, incluso le planteó al Intendente Munici­pal que mejore las instalaciones. Nadando se ha de sentir libre, lejos de los oscuros días del proceso pero sin perder la memoria de lo que vivió.