Pesar en la comunidad Franciscana por el fallecimiento de la Hermana Martha Cuatrín


El deceso ocurrió ayer, en el hospital San Martín de Paraná, en donde la religiosa se encontraba internada desde hacía un mes, a causa del Covid. Un video con su palabra y el recuerdo de Roberto Romani.

 

También en Larroque la muerte de la Hermana Martha Cuatrín ha causado congoja, porque además de ser parte de la historia de las Franciscanas de Gante en la provincia, en el desempeño de su servicio integró la comunidad educativa de la escuela 66 y el Instituto Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

 

En un video, de abril de 2018, en Villa Urquiza, Martha Guadalupe Cuatrín, que ayer falleció en el hospital de la capital provincial, recordó como se fue enamorando de la congregación de la que después formó parte, desde que ingresó al colegio Cristo Redentor como alumna pupila y que en quinto año del secundario ya fue postulante. «Las veía tan contentas, tan felices, tan entregadas a la educación» recordaba en esa ocasión.

Luego, en la enumeración de lugares, nombró a Larroque y además, se emocionó al mencionar la difícil pero apasionada tarea que realizaron el sacerdote Teófilo Van Damme junto a las hermanas que llegaron a nuestro país a  finales del siglo XIX desde Bélgica.

 

El homenaje de Roberto Romani

PAZ Y BIEN, HERMANA MARTHA


Elegiste la tarde del domingo para cerrar tus ojos y abrir las puertas del cielo.
Querida Martha Cuatrín: hace cincuenta años que conozco tu sonrisa y tu ejemplo.

Hace cincuenta años que admiro tu compromiso cristiano y la manera sencilla y buena de amar a los hermanos.
Desde que mi asombro gurí encontró tu cántaro de ternura guiando los pasos esenciales en el colegio de Larroque, hasta los abrazos fraternos en el Cristo Redentor, siempre descubrí en tus ojos de primavera todas las bondades que las Franciscanas de Gante volcaron en cuchillas entrerrianas desde su llegada, en el invierno de 1893.

Pienso, como Cristina Saluzzi que ustedes «sembraron capacidad y valores, y cuando tuvieron el corazón y las manos llenas con la cosecha, la entregaron.

Con los años las encontré en la Gratia Plena de Nervo, porque eran llenas de gracia como el Avemaría, quien las vio, no las pudo ya jamás olvidar.»

Querida Hermana Martha: sin tu protección y tu alegría nos quedamos un poco solos.

Todos los franciscanos y quienes crecimos junto a tu sombra aliviadora, extrañaremos tu palabra y la brisa fresca de tu peregrina canción que, desde hoy, quedará al cuidado de Monseñor Van Damme y una multitud de grillitos costeros en Villa Urquiza.

PAZ Y BIEN, dijiste aquella mañana de otoño, con el primer saludo, allá lejos y hace tiempo.
PAZ Y BIEN, decimos tus discípulos ante la irremediable despedida.
PAZ, llevarás a las alturas de la eternidad por tu generosa entrega de amor.
Y el BIEN que dejaste en nuestra piel agradecida, trataremos de multiplicarlo en tu nombre, hasta el final de los días.

ROBERTO ROMANI