Plegaria para un niño dormido

Esa canción de Luis Alberto Spinetta era una de las melodías con las que Pochi Benedetti más disfrutaba y que pintaba algunas de sus facetas. Fue una figura social querida por todos por sus códigos de amistad, su picardía cómplice y la simpleza de sus frases que disparaba con espontaneidad.

 


Murió ayer, joven aún, pero luego de haber vivido 52 años a pleno, con la intensidad de estar sin frenos en la última curva, a punto de entrar en la recta final y viendo de cerca la bandera a cuadros.

Folcrórico y rockero a la vez, un libro abierto en la universidad de la calle, aventurero e incapaz de decir no a ninguna invitación.

Disfrutó a su manera cada día, cada minuto. No era un ejemplo de virtud y sin embargo era el amigo fiel sin maldad al que había que respetar para no ofender. Sus frases eran tan simples como certeras y gracias a internet, sus participaciones en Latidos FM fueron debatidas y analizadas en algunas oficinas de Paraná, donde lo consideraban un sabio por la agudeza al opinar sobre cualquier asunto.

A él le pertenece lo que pasó a ser un slogan larroquense: “hoy es viernes” toda una definición sobre la puerta hacia un fin de semana con amigos que en su caso prometía ser una mezcla de caja de pandora y de oasis soñado.

Claro, hay que ser de Larroque para conocer su filosofía, estilo de vida, forma de vestir, tomar y andar, y para comprender que lo que decía era el resumen de una biblioteca cuyos volúmenes no se compran, ni se leen, solo se viven.

Lo encontraron dormido, como al niño que tan bien describe el flaco en aquel disco de Almendra.

Se ríe el niño dormido
quizás se sienta gorrión esta vez
jugueteando inquieto en los jardines de un lugar
que jamás despierto encontrará.

 

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