Renzo De Luca comentó cómo vivió la visita del Papa a Japón

El Provincial de los Jesuitas en el país oriental le expresó a Periódico Acción sus impresiones de la visita que  Francisco realizó a fines de noviembre. Dijo que el Papa tiene un magnetismo especial y que tuvo varios momentos para hablar privadamente con él.

Al otro día de la partida del Papa rumbo a Roma, el jesuita larroquense tuvo que viajar a Timor, en Indonesia, por lo que no pudo saborear con tiempo, todo lo que generó en tierra japonesa lo que la visita del Pontífice generó con sus mensajes de paz y tolerancia. «Hasta ahora no he podido sentir más de cerca lo que ha quedado en la comunidad, pero los diarios y los medios en general han hecho una cobertura que no se ve aquí, y menos para un líder religioso. Cantidad de gente llamó o escribió alegrándose con la visita y comentando sus discursos.

Consultado sobre las primeras impresiones que pudo recoger, Renzo comentó «mucho agradecimiento, por parte del Papa y de todos los que lo recibimos. Se agradeció a toda la gente que trabajó para que la visita fuera posible. La persona del Papa tiene un magnetismo especial, que se transmite a todos, creyentes o no. Él también recibe una energía especial de la gente, del ambiente, de su misión».

De Luca, que está radicado hace más de 30 años en Japón, luego de ser enviado allí por recomendación de Jorge Bergoglio, cuando se desempeñaba como director del colegio Mäximo de San Miguel, expresó que «para mí fue un honor poder acompañarlo. En realidad, yo hubiera preferido que un japonés hiciera este trabajo, pero desde el principio todos estuvieron de acuerdo en que yo tenía que hacer de intérprete».

Pero su tarea tuvo un gran apoyo y reconoció la labor del grupo que trabajaba en traducción a quienes les agradeció. «Tuvimos los textos y sus traducciones de antemano, lo que me ayudó mucho para saber cuándo y cómo tenía que improvisar».

 

Bromas y momentos para hablar
Renzo, por la ocupación que tuvo durante la visita apostólica del Papa, pudo compartir muchos momentos en que se salía de la formalidad y el protocolo. Como anécdota graciosa, recordó que «después del día en el que estuvimos en Nagasaki y Hiroshima, todo el mundo rendido (salimos de la Nunciatura a las 6:30 y volvimos a las 22:20), se le ocurre llamarlo al encargado y bromear: “che, te faltó poner Kyoto en el viaje de hoy!”

También indicó que tuvo «la oportunidad de hablar bastante con él, ya que en la mayoría de los viajes en auto (que fueron muchos) iba sentado con él, así que teníamos un “espacio privado” que compartimos. Al principio yo pensé que iba a ser para ir arreglando las traducciones siguientes y cosas por el estilo, pero el Papa lo tomaba como tiempo de descanso, de desconectarse de todo lo organizado. Hablamos de Argentina, nuestras familias y conocidos, fútbol, política, etc. Sigue siendo tan ameno e informal como siempre».


Renzo con Silvia, su mamá, en Larroque.