Se cumplieron dos años de la muerte de una beba y su papá, por inhalar monóxido de carbono

Fue el 23 de junio de 2016, en un domicilio de calle Ramírez, donde una joven pareja había improvisado braseros utilizando una lata de dulce y una sartén en la que habían colocado leña que encendieron para calefaccionarse. La falta de ventilación y el gas letal que eso generó hicieron el resto.

 

Dos años atrás la ciudad amanecía bajo el estupor de la noticia que daba cuenta de la muerte de dos personas, un joven de 20 años y su hijita de apenas 2 años. Fue un tremendo hecho que tuvo un alto costo y que subraya la importancia y el cuidado que se debe tener en una acción en donde el desconocimiento puede ser fatal.

Aquella vez fue la policía quien intervino en el hecho, luego de ser alertado por un vecino. Según relató aquél día César Giménez, el jefe de la comisaría, el hecho se conoció cuando un señor de apellido Ocampo, para quien trabajaba Aguirre, el joven fallecido, pasó por el domicilio de calle Ramírez y al no recibir respuesta luego de golpear la puerta varias veces, dio aviso a la policía. Giménez comentó que al abrir una puerta, los efectivos policiales encontraron dos braseros, de donde habría emanado el gas que provocó el cuadro de asfixia.

Los tres integrantes de la familia fueron trasladados de urgencia al hospital Centenario de Gualeguaychú, la mujer -Marisol Cabral- en mejor situación que la nena y el hombre, ambos con pronóstico reservado y con gran riesgo de vida. Igualmente detalló que aunque se encontraban inconscientes, salieron de la ciudad con signos vitales. A las pocas horas se confirmaron los dos fallecimientos.

Triste final
Si donde se lo coloca hay buena ventilación, es decir, renovación del oxígeno que alimenta la llama o la brasa, el brasero no representa ningún peligro, por más que los leños o el carbón o lo que se use para hacer fuego o producir calor mediante llama se coloque directamente en el piso o dentro de un recipiente.

En este caso, los dos braseros consumieron el oxigeno más rápido de lo que las hendijas de la habitación podían proveerlo, lo que provocó la combustión incompleta y la generación del monóxido de carbono, un gas que no tiene olor ni color y que provoca somnolencia, pérdida del conocimiento y la muerte en cuestión de horas, ni que hablar si cuando eso ocurre se está durmiendo.

Eso fue lo que le pasó a la beba de menos de tres meses y a su padre, de unos 20 años en una tremenda fatalidad difícil de asimilar.