Talento, humildad y familia, claves del buen momento de Damián en la sala Paoli

Todo eso tuvo la presentación del músico larroquense radicado en Brasil que el sábado a la noche brindó un recital a sala llena en el espacio municipal. Además de hipnotizar con su violín a la audiencia, se dio unos “gustitos” al tocar la guitarra y cantar acompañados por dos de sus hermanos. Fotos de Silvina Gonzalez.

 

Sintiendo, más que tocando. Foto de Silvina Gonzalez.

Los pronósticos de lluvia se cumplieron, no los meteorológicos sino los de aplausos que estallaron en la noche como truenos para reconocer la actuación de Damián Zantedeschi en la sala de teatro Padre Paoli. Es lo que vino a cosechar y a guardar en su valija antes de volver a las calles y los salones de Belo Horizonte, la ciudad brasilera en la que se instaló desde que apoyó la instalación de una franquicia de Sanduba.

En Larroque, por la amenaza de lluvia, el espectáculo previsto para Marnos Pub, pasó a un recinto en el que -se sabía- se iba a generar un clima diferente y que dio lugar a que la emoción sacara entrada junto a las más de 250 personas que asistieron a la audición.

El artista se hizo rogar, sobre todo, porque hasta media hora antes de la hora de inicio, las 22, estaba en el salón ajustando el sonido. Pero esa espera fue necesaria y también condimentó la previa con el nivel de ansiedad que la expectativa había generado. Entonces sí, cuando ya no había lugar donde sentarse, se apagaron las luces de la sala y se encendió la magia, justo después que una música épica enmarcara el comienzo del show, el más importante, como ya había dicho Damián en la charla con Periódico Acción y como volvió a confesar arriba del escenario.

Y lo fue, porque de las veces que había actuado es posible imaginar que en la del sábado, las emociones y la interacción con el público fueron las más intensas. El ingreso del músico al escenario ya fue un impacto, atravesó el pasillo que forma el espacio libre entre las líneas de butacas, ejecutando la primer melodía de la noche, entre el aplauso de la gente. Se subió al escenario y ejecutó un par de canciones más para recién después saludar al público, agradecer el cariño y decir lo que para él significaba estar allí.

Fotos de Silvina Gonzalez

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Una serie de clásicos pop inundaron el salón entre los que se destacaron “Quién parara la lluvia” de Credence e “Imagina” de Lenon, ideal para un amplio sector de la platea que promediaba los 40, aunque hubo algunos lentos actuales que también sacudieron interiormente al público.

Casi sin pausa los músicos invitados se sumaron al recital, Eric Fernández, Joseca Albornoz y Seba Zantedeschi, que lo asistieron en “Erapin”, un tema compuesto por Damián que se distinguió por el acompañamiento en vivo. Después vinieron más canciones, algunas cantadas, en las que también participó Laureano Zantedeschi, para reforzar el carácter familiar al evento, que alcanzó su punto máximo cuando el violinista saludó a Mirta, su mamá, presente en la sala “y a papi”, (Hugo) -fallecido el año pasado- mientras se tocaba el corazón. Ahí el aplauso se reforzó con un inconfundible tono de calidez.

Luego de otras canciones y del clásico amague de despedida, Damián irrumpió el escenario con “Por una cabeza”, uno de esos tangos que se convierte en una especie de Documento Nacional de Identidad cuando toca en los eventos brasileros. Y “a pedido” cerró con “Despacito” un final en el que volvió a mezclarse con el público en un ida y vuelta por el pasillo central que contagió mucho.

Un minuto después ya estaba en el camarín que se encuentra detrás del escenario, recostado de espaldas a un gran  espejo y derramando en lágrimas la mochila de sentimientos que en cada nota fue cargando durante el recital. Allí volvió a ser terrenal, a sacarse el traje de artista y así poder empezar a saborear las sensaciones que le dejó la noche. Pochi y Osvaldo, de Marnos Pub, lo contenían sin éxito.

Ahí empezó a sentir más profundamente lo que arriba del escenario, por estar enfocado en su actuación, le llegó quizá en menor dosis. Logró lo que quería quizá para más adelante, una presentación consagratoria en su pueblo que la gente reconoció y agradeció con aplausos y con sentimientos que surgen cuando del otro lado ven talento, pero sobre todo humildad, es decir, grandeza.

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