
Escribe: Franco Lizarzuay.


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En su texto titulado “Disfraces oscuros”, Romani expresa su preocupación por “algunos modismos y celebraciones extranjerizantes que atentan contra los valores de la cultura argentina”. Recuerda que desde la década del 80 se realizan en el país fiestas de Halloween —“encuentros de origen celta, arraigados en los Estados Unidos”— que, impulsadas por la publicidad y el interés comercial, “tienden a ocupar un lugar en la familia, la escuela y en espectáculos organizados por entes oficiales y privados”.
“En esta noche de brujas se cuentan historias que provocan miedo y se observan películas de terror, propiciadas muchas veces por cadenas de supermercados que obtienen grandes ganancias con la venta de golosinas y todo tipo de elementos”, sostiene el autor, y agrega:
“Los hijos de esta tierra, orgullosos de la historia y tradiciones argentinas, debemos reaccionar. Debemos honrar a quienes forjaron nuestra identidad, para que el alma gaucha dormida se nos despierte con inquietud de horizontes y temblor de banderas”.
Romani propone recuperar el legado de los abuelos y transmitir a las nuevas generaciones la literatura, el cancionero folclórico, los ritos y las costumbres del país.


“Basta de disfraces oscuros y celebraciones demoniales que confunden las miradas inocentes —expresa—. Que nuestros niños puedan regar, con sus almas buenas, las raíces del gran árbol bienhechor de nuestra cultura.”
El mensaje concluye con un deseo: que desde las sonoridades criollas de los montes, los cerros y la pampa, los argentinos sigan bendiciendo “con una danza de amor los rincones queridos”.













































