
Estornino pinto, la plaga que viene
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Será cuestión de tiempo que en el sur entrerriano como ya ocurre en otras regiones del país y de Uruguay. aparezcan bandadas de este ave que dejó de ser una rareza de documental para convertirse en una preocupación real en la zona.
De hecho, en Larroque ya se empezaron a ver los primeros ejemplares dando vueltas y se detectaron algunos nidos, lo que confirma que esta ave exótica, que llegó de afuera y no tiene enemigos naturales, viene ganando terreno en Entre Ríos de manera sostenida. El problema es que avanza sin hacer ruido, y cuando nos queramos dar cuenta, quizá un par de años, lo vamos a tener instalado en masa en la ciudad y en el campo.
El bicho come de todo, no le hace asco a nada. Se alimenta de insectos y lombrices, pero tiene una debilidad tremenda por los granos y las frutas. En el campo, el peligro para la agricultura es selectivo pero dañino. Al trigo lo liquidan: hasta desentierran la semilla cuando recién brota o aparecen cuando la espiga está madura para romperla con su pico fuerte y filoso.
Con la soja, por suerte, la historia es distinta: casi ni la miran, y si se meten en los lotes es solo para buscar orugas o larvas entre los surcos. El problema también se da en los lotes de maíz y sorgo, o en los feedlots y tambos, donde bajan en bandadas a comerse el balanceado de las vacas, limpian los comederos en un rato y dejan sus excrementos, con el riesgo sanitario que eso significa para la hacienda.

Una de sus costumbres más marcadas es que se mueven en grupos. Al principio se ven de a tres o cuatro, pero enseguida arman colonias masivas y con nuestros pájaros son unos verdaderos ocupas. Le arman una competencia feroz a la fauna autóctona: son capaces de echar a los horneros de sus nidos, correr a los carpinteros o a las calandrias, y sacarles el alimento y los lugares de anidación.


Buscan los árboles de las plazas, los cables de la luz o los galpones para dormir todos juntos y el desastre que arman con el excremento es desagradable. Eso sin contar el lío ensordecedor que arman cuando cae la tarde y se juntan a gritar en las copas de los árboles.
Frenarlos es un tema complicadísimo porque los bichos son vivos y se avivan enseguida y se acostumbran a espantapájaros o estruendos que se utilizan para auyentarlos. En lugares donde ya son plagas, lo que se intenta es correrlos con luces láser antes de que armen el dormidero fijo, poner redes en los frutales y romper los nidos apenas intenten instalarse. La clave es no dejarlos estar ahora que empezaron a aparecer, antes de que la plaga se vuelva inmanejable.







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