
Un rojito de nacimiento que cumplió su sueño bajo los tres palos
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A veces los sueños no llegan de golpe. Crecen despacio, con el tiempo, en silencio, hasta que un día encuentran su momento. Para este joven arquero, todo empezó cuando era apenas un nene y su papá lo llevó por primera vez al predio de Central Larroque. “Mi relación con el fútbol arrancó a los 4 años, cuando mi viejo me llevó a Central para ver si me gustaba… y desde ahí fui siempre”, recuerda. Sin saberlo, ese día comenzaba una historia de pertenencia que años después lo llevaría a cumplir uno de sus mayores sueños.
Aunque al principio jugaba en distintas posiciones, el destino se terminó de definir en infantiles, cuando un entrenador le pidió que llevara guantes a una práctica. “Siempre me gustó atajar, hasta que un día Mauri me dijo que lleve los guantes… y de ahí ya me quedé en el arco”, cuenta entre risas. Haber hecho todas las inferiores en el club tiene un significado especial, porque no es solo el lugar donde se formó, sino también del que es hincha. En ese camino, asegura que aprendió valores que hoy lo acompañan dentro y fuera de la cancha: “En el club me enseñaron que hay que ser humilde y que somos un equipo y un grupo”.
Con los años llegaron entrenadores que marcaron su crecimiento, especialmente Marcos Pérez, a quien reconoce como alguien clave en su formación bajo los tres palos. También tuvo referentes dentro de la institución, como Augusto Lonardi y Kevin Olivera, jugadores a los que observó y de quienes tomó ejemplos. La noticia del debut llegó una semana antes del partido, cuando el entrenador se lo comunicó, y desde ese instante las emociones empezaron a mezclarse. “Tenía muchas ganas, con un poco de nervios”, admite.


Cuando comenzó el partido de la Copa Gualeguaychú, el sueño dejó de ser imaginado para convertirse en realidad. La primera pelota que tocó quedó grabada en su memoria: “Fue un pelotazo largo que me cayó en las manos”. Un gesto simple, pero cargado de significado. Era la confirmación de que estaba ahí, defendiendo el arco de la Primera del club de sus amores. “La felicidad es enorme y me pone muy contento hacerlo en el club del que soy hincha”, expresa. Y la dedicatoria fue directa y sincera: “Se lo dediqué a mis viejos, que siempre estuvieron en todas”.
Se define como un arquero “tranquilo y salidor”, características que busca seguir desarrollando con el tiempo. Entre sus referencias del fútbol profesional aparece el nombre de Nahuel Losada, actual arquero de Lanús, a quien observa como modelo. Con apenas 18 años, entiende que el debut no es un punto de llegada, sino el inicio de un camino. Por eso, cuando piensa en los chicos que sueñan con vivir algo similar, deja un mensaje que resume su propia historia: “Con esfuerzo, fe y humildad podés llegar a cualquier lugar que te propongas”.
Aquel nene que llegó de la mano de su papá al club sigue estando presente. Solo que ahora tiene 18 años, guantes puestos y un sueño que empezó a hacerse realidad. Y lo mejor de todo… es que recién empieza.




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