
La campaña de trigo arranca cercada por los costos: proyectan una caída del 18% en el área de siembra
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El principal freno de mano viene por el lado de los costos de implantación, que volaron en los últimos dos meses. El combustible subió un 17% desde marzo, pero el golpe más duro lo dio la urea, con un salto abrupto del 70%. Para el manejo que se hace habitualmente en la provincia (unos 160 kilos de urea por hectárea), el gasto en fertilización nitrogenada pasó de 88,8 dólares a 152 dólares en solo dos meses. Son 63,2 dólares extra por hectárea que el productor tiene que poner del bolsillo antes de tirar la primera semilla.
Mientras tanto, los precios no terminan de compensar el sacudón. A principios de junio, la pizarra marca 213 dólares por tonelada. Aunque es un alivio frente al piso de 161 dólares de noviembre pasado, el valor está igual que en mayo de 2025 y lejísimo de los 260 dólares que se pagaban en 2024. El recorte en las retenciones, que bajaron del 7,5% al 5,5%, apenas aportó una mejora de 3 dólares en la semana posterior al anuncio.

Con este escenario, el rendimiento de indiferencia (lo que hace falta cosechar para quedar hecho) subió a 3.550 kilos por hectárea. Es un número alto, por encima del promedio de la última década en Entre Ríos, aunque se logró superar en cuatro de los últimos cinco años gracias a que el clima acompañó. El problema histórico de la provincia es que, si se mira el promedio de largo plazo en cada zona, el territorio entrerriano suele quedar abajo de ese nivel de productividad necesario para cubrir los costos actuales.


Para los que producen en campo arrendado, el panorama es todavía más complicado. Con los rindes históricos de los últimos diez años, los márgenes brutos dan pérdidas en todas las regiones entrerrianas. Para empatar los gastos con la cotización de pizarra de hoy, el trigo tendría que subir un 8% y llegar a los 230 dólares. En el Este provincial, donde los rindes suelen ser más flojos, el precio de equilibrio trepa a los 244 dólares.

La única luz de esperanza aparece al mirar el mercado de futuros a diciembre de 2026, que cotiza a 225 dólares (un 5,6% más que el disponible actual), a pesar de haber perdido 9 dólares tras el anuncio de la baja de retenciones. Este valor futuro achica el rinde de indiferencia a 3.360 kilos, una marca más pagable que se superó en seis de las últimas diez campañas.
Igualmente, si se diera un rinde promedio de 3.320 kilos, todavía harían falta 228 dólares para salir derecho. Con este panorama a término, los productores que pagan alquiler se enfrentan otra vez al riesgo de perder plata. Salvo en la zona Sur, donde se podría arañar un margen positivo muy ajustado de 7,6 dólares por hectárea, el resto de la provincia va a pérdida, con un promedio general que arranca con un rojo de 8,4 dólares por hectárea. Para dar vuelta el partido, no va a alcanzar con que el clima ayude a sacar un campañón; el mercado internacional también va a tener que dar un empujón fuerte hacia arriba.




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