



Hay historias que empiezan mucho antes del reconocimiento. Se construyen lejos de las luces, en entrenamientos, frustraciones y pequeños momentos que, con el tiempo, terminan explicando cómo alguien llegó hasta ahí.
La historia de Yazmin Guadalupe Gómez Córdoba es una de ellas.
Actualmente jugadora del Club Libertad de Gualeguay, Yazmin acaba de recibir una noticia que representa mucho más que una convocatoria: fue llamada para integrar la Selección de Gualeguay.


Pero para entender lo que significa ponerse esa camiseta hay que volver varios años atrás, cuando apenas tenía 10 años y daba sus primeros pasos en el fútbol de Central Larroque, el club de su ciudad.
Desde chica, el deporte estuvo presente en su vida. En la escuela ya disfrutaba jugar y, a los 10 años, decidió comenzar a entrenar fútbol.
El comienzo no fue sencillo.
Entrenaba junto a varones y tuvo que convivir con una frase que todavía recuerda:
“Una mujer no sabe jugar”.
Para algunos podían haber sido solamente palabras. Para una niña que recién comenzaba a descubrir su pasión, podían convertirse en una razón suficiente para abandonar.
Pero Yazmin siguió.
Porque muchas veces el primer acto de valentía no es ganar. Es quedarse.

UN CAMBIO QUE LE PERMITIÓ DISFRUTAR
Después llegó Cecilia y el escenario cambió. La Estación se convirtió en un espacio donde pudo compartir con otras chicas, sentirse acompañada y disfrutar del fútbol de una manera diferente.
“Fue un cambio muy lindo porque eran todas chicas y nos entendíamos”, recuerda.
Mientras comenzaba a descubrir cuánto podía crecer dentro de una cancha, detrás suyo había una familia que nunca dejó de acompañarla.
Su mamá, su tía y su tío fueron parte fundamental de ese camino.
También sus amigas del fútbol, aquellas que muchas veces encontraron las palabras necesarias para devolverle la confianza:
“Sos buena”.
Porque hubo momentos en los que las fuerzas no alcanzaban. Días en los que pensó en dejar y se preguntó:
“¿Por qué no puedo?”
Y cuando las dudas aparecían, su tío estaba ahí para recordarle algo que quizás ella necesitaba escuchar:
“Vos podés. Sos buena”.
Entonces volvía a intentarlo.
Una vez más.
Y después otra.
EL PASO A LIBERTAD
Con el tiempo llegó una nueva oportunidad: Libertad de Gualeguay.
La primera vez que recibió la noticia de que iba a formar parte del equipo sintió una emoción difícil de explicar. Era su oportunidad de jugar en un club que significaba un nuevo desafío y, también, una posibilidad de seguir creciendo.
Quizás fue allí cuando empezó a comprender que aquellos días en los que había decidido quedarse estaban construyendo algo.
Todavía no sabía exactamente qué.
Pero el camino comenzaba a mostrarle una respuesta.

LA NOTICIA QUE CAMBIÓ TODO
En las últimas horas, una amiga le hizo una pregunta que despertó su curiosidad:
“¿Sos vos?”
Yazmin respondió que sí, aunque todavía no entendía a qué se refería.
Hasta que descubrió la noticia.
Había sido convocada para representar a la Selección de Gualeguay.
La alegría fue inmediata.
Aquella niña que había comenzado a jugar al fútbol en Central Larroque ahora tenía la posibilidad de ponerse la camiseta de una ciudad.
Gualeguay.
“Es una felicidad llevar eso. Voy a hacer lo máximo y lo más que pueda de mí misma”, expresó.
La convocatoria representa una oportunidad, pero también una respuesta a todo lo vivido.
A cada entrenamiento.
A cada frustración.
A cada momento de duda.
A cada vez que pensó en abandonar.
Y también a cada persona que estuvo cerca para decirle:
“Seguí”.
UN SUEÑO QUE RECIÉN COMIENZA
Ahora Yazmin quiere seguir creciendo, aprendiendo y disfrutando del fútbol. También sueña con que algún día pueda jugar en un club todavía más grande.
Sin embargo, cuando mira hacia atrás, no reniega de ninguna parte de su recorrido.
Si pudiera hablarle hoy a aquella niña de 10 años que comenzó a entrenar en Central Larroque, probablemente le diría que valió la pena seguir.
Porque aquella nena que todavía no sabía hasta dónde podía llegar hoy tiene una nueva camiseta para defender.
La de Gualeguay.
Y quizás nadie pueda explicar mejor su vínculo con la pelota que ella misma:
“Cuando estoy mal o triste, agarro una pelota, me concentro en ella y ahí se me olvidan todos esos problemas”.
En esa frase está buena parte de su historia.
Porque para Yazmin el fútbol no es solamente un deporte.
Es refugio.
Es compañía.
Es pasión.
Es ese pequeño lugar donde, por un rato, todo lo demás desaparece.
Hoy hay una nueva oportunidad.
Una camiseta.
Una ciudad.
Un sueño.
Y aquella estrella que durante tanto tiempo brilló en silencio empieza, finalmente, a ser vista.
Porque algunas luces no aparecen de repente.
Simplemente llega el día en que todos levantan la mirada.






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