
La ordenación episcopal del Padre Landra, un círculo que se cierra y otros que se abren
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Todo fue emoción lo que se vivió en el mediodía del sábado 14 de octubre, día en que Larroque vio escalar en su vida consagrada a Dios a Mauricio Landra.
Decenas de vecinos que lo vieron crecer, primero en su camino de fe y luego en su vocación pastoral, concurrieron a la Basílica de Nuestra Señora de Luján para presenciar y acompañar física y espiritualmente al sacerdote, en su ordenación episcopal.
Sacerdotes y laicos de la diócesis de Gualeguaychú y de otras regiones entrerrianas, también se sumaron a la peregrinación en auto desde sus ciudades y luego a pie, para la entrada gloriosa al templo, encabezada por la imagen de la Virgen, bendecida de aplausos a medida que avanzaba hacia el altar.



Poco más de una hora después, luego de la promesa de obediencia, la postración con el rezo de las Letanías de los Santos y la sagrada investidura con sus atributos, el Padre Mauricio se hizo el tiempo para leer sus palabras y elevar aún más la emoción de los presentes, especialmente de Lucrecia y Julio, al igual que en sus hermanos, sobrinos y amigos.
Fue casi al concluir su discurso, en el que agradeció y pidió al Señor, que expresó: "Les cuento una anécdota: hace unos cuantos años, en este lugar llegó un matrimonio joven, junto a una pareja de novios amiga. Los esposos hacia poco habían perdido un embarazo y rezaban a María de Luján pidiendo ser padres. Un año después nacía su primer hijo, así pedido a la Virgen. Bueno, ese hijo soy yo, que vuelvo a Luján con mis padres y mis padrinos que siempre me han acompañado".
Más de medio siglo después de aquella vez que la mamá de Mauricio le pidió a la Madre de Jesús que le permitiera cumplir su deseo, las lágrimas le volvieron a correr, esta vez de ver a su hijo en el sitio que todos sabemos que se merece y para el que se ha preparado.

Así, Lucrecia y Julio sienten que la Virgen les repite las sensaciones del milagro se ser padres y aunque a cambio "les roba" a su hijo, entienden que la familia se agranda, ya no solo en los nietos que pueblan las fiestas familiares, también en los hijos espirituales que el Padre Mauricio ha venido formando y que con más responsabilidades seguirá pastoreando.
Ese es el círculo que se cerró cuando Mauricio se ordenó Sacerdote, o el que ahora coronó de alegría con el solideo, la mitra, el anillo, la cruz y el báculo Episcopal. Vendrán otros y será un gran orgullo para la comunidad cristiana larroquense saberlo nuestro y parte de su rebaño.




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