
Entre Ríos perdió 58.000 hectáreas de bosques nativos en 15 años: el Gualeguay en alerta
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La deforestación avanza en silencio sobre los ecosistemas más valiosos del país. En Entre Ríos, el proceso fue tan sostenido que en apenas 15 años desaparecieron casi 58.000 hectáreas de bosques nativos, según un estudio realizado por la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA).
La pérdida equivale al 8,4 % de la cobertura forestal de la cuenca del río Gualeguay, una de las regiones más productivas y a la vez más frágiles del Litoral. En ese mismo período, la superficie agrícola creció unas 57.700 hectáreas, impulsada por la expansión de la soja, que desplazó pastizales, montes y arbustales. El paisaje entrerriano se transformó en un mosaico dominado por cultivos, alterando el ciclo del agua, reduciendo la biodiversidad y aumentando el riesgo de inundaciones en zonas bajas.
“Los bosques brindan múltiples beneficios: albergan fauna, capturan carbono y actúan como esponjas naturales durante las lluvias. Sin embargo, hace décadas que sufren el avance agrícola”, explicó Federico Minardi, egresado de la Especialización en Teledetección y Sistemas de Información Geográfica de la FAUBA y autor del trabajo.


Bosques que resisten, pero cada vez menos
El estudio, basado en imágenes satelitales y relevamientos de campo, confirma una reducción significativa de la superficie boscosa en la cuenca del Gualeguay. Aun así, persiste un 40 % de cobertura forestal, que cumple un papel clave para amortiguar los efectos del cambio de uso del suelo.
Minardi destacó que “cuando reemplazamos bosques por agricultura, el consumo de agua se reduce, los suelos pierden capacidad de absorción y las napas suben hasta saturar la superficie”. En ese contexto, los bosques actúan como reguladores naturales del ciclo hídrico, evitando crecidas que podrían derivar en inundaciones severas.
Lo llamativo es que, entre 2006 y 2019, el régimen de caudales del río Gualeguay no mostró alteraciones drásticas, a diferencia de otras cuencas del país. “La diferencia está en la proporción de bosques que aún se conservan. Esa cobertura forestal residual todavía cumple un rol ecológico clave”, subrayó el investigador.
Una frontera agrícola que empuja sus límites
El fenómeno del avance agrícola sobre ecosistemas nativos no se limita a Entre Ríos. Según datos del Ministerio de Ambiente de la Nación, Argentina perdió más de 2,8 millones de hectáreas de bosques nativos entre 2006 y 2023, concentradas principalmente en Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa.
El caso entrerriano, sin embargo, tiene una particularidad: el desmonte avanza sobre suelos de alta productividad y gran fragilidad hídrica. El río Gualeguay, que recorre más de 600 kilómetros, atraviesa zonas bajas que dependen del equilibrio entre agricultura, ganadería y bosques ribereños. Cuando esa ecuación se rompe, aumenta la frecuencia e intensidad de las inundaciones.
Entre la producción y la conservación
La Ley Nacional de Bosques Nativos (26.331) establece que las provincias deben ordenar su territorio forestal y clasificar las zonas según su grado de protección. En la cuenca del Gualeguay, solo el 13 % del territorio puede ser desmontado según la normativa vigente, mientras que el resto debería permanecer bajo resguardo. Sin embargo, los controles son escasos y los incendios y desmontes ilegales siguen afectando al ecosistema.
El desafío, advierten los investigadores, es conciliar producción y conservación. Entre Ríos tiene la oportunidad de demostrar que es posible producir sin destruir su patrimonio natural. Mantener la cobertura boscosa es una cuestión no solo ambiental, sino también económica: los bosques regulan el clima, recargan acuíferos, almacenan carbono y aportan estabilidad a los sistemas productivos.
Un equilibrio que podría romperse
Aunque el Gualeguay aún conserva una porción importante de su monte nativo, los especialistas alertan que ese equilibrio es frágil. El aumento de los períodos secos, el cambio climático y la presión agrícola podrían acelerar su degradación.
El estudio de la FAUBA busca servir de base para políticas de gestión territorial sostenibles que eviten repetir los errores de otras regiones del país. “Los bosques nativos son el mejor seguro ambiental que tenemos. No podemos darnos el lujo de seguir perdiéndolos”, concluyó Minardi.




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