
El desafío de producir Pecán: Las aves rapaces como un alivio real frente a la plaga de loros y cotorras
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Producir nuez pecán en la región se ha vuelto en los últimos años una carrera de obstáculos contra la fauna local, de acuerdo a la experiencia de productores de la región que enfrentan un panorama desolador en sus inversiones. Con pérdidas que en muchos establecimientos alcanzan el 70% de la cosecha, el testimonio de Ricardo Josman, quien maneja una plantación de 50 años en las afueras de Montevideo, se vuelve una hoja de ruta necesaria, pero de largo plazo.
Josman explica que, tras probar absolutamente de todo, la única herramienta que logró torcer la balanza fue el aprovechamiento del miedo instintivo de los loros hacia sus depredadores. El sistema busca la disuasión constante mediante una técnica de manejo ambiental. Para lograrlo, se busca convertir la plantación en el territorio de caza de aves rapaces como el Gavilán Mixto (Halcón de Harris) y el Carancho.
Josman comentó que en su caso, el proceso requirió la instalación de atalayas, que son postes elevados con bases de madera distribuidos en el monte de pecanes, que sirven como "torres de control" para las rapaces. Mediante la colocación estratégica de alimento en estas bases, se logra el aquerenciamiento de la fauna, permitiendo que los depredadores naturales se instalen permanentemente en el predio y no migren. Esta presencia constante genera un ambiente de peligro que obliga a los loros a reducir drásticamente su tiempo de alimentación y el daño que provocan en el fruto.


Gavilanes: Aliados naturales también en la ciudad
Es importante destacar que estas aves rapaces no son exclusivas del ámbito rural; los gavilanes habitan frecuentemente zonas urbanas y muchos gobiernos municipales los implementan como un método eficaz y ecológico para el control de la sobrepoblación de palomas.

Aunque no es el caso, porque en la ciudad se dio de manera natural, Larroque tiene su propio antecedente en este sentido: durante un tiempo, una pareja de gavilanes se había instalado en la Plaza San Martín, logrando controlar de manera natural y notable la población de palomas en el centro de la ciudad. Sin embargo, hace unos años, estas aves "desaparecieron" del lugar, dejando un vacío en el equilibrio ambiental urbano.
A pesar del entusiasmo que genera una solución biológica, Josman es tajante al afirmar que el sistema no es infalible. Su experiencia indica que se trata de un proceso lento que requiere años para mostrar resultados sólidos. En su caso particular, logró bajar la pérdida a un 20%, una cifra que obliga al productor a seguir conviviendo con un margen de daño inevitable.
La cotorra sigue viniendo, advierte Josman, subrayando además que la cetrería profesional, como tarea previa de control y que además atraiga a rapaces autóctonas, es una costoso y difícil de sostener de manera individual para el productor sin una estructura que la respalde. Ahí es donde el estado debe aparecer para impulsar programas de financiamiento en beneficio de los pecaneros.
La implementación de programas de cetrería o el fomento de hábitats para rapaces nativas aparece como el mejor método ecológico posible para salvar la rentabilidad del pecán, siempre y cuando se entienda como un paliativo para reducir el impacto y no como el fin definitivo de la plaga. Frente a alternativas que pueden poner en riesgo a otros géneros de aves, es un paliativo como para evaluar.




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