
La historia detrás de Patruca: del esfuerzo familiar al alfajor que conquista Larroque
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Elisandra Pradal y su hermano Jonathan no esperaron a que las oportunidades llegaran solas. A finales del año pasado, cuando Elisandra quedó desempleada, la incertidumbre se sentó a la mesa familiar. Pero entre mate y mate, la preocupación se convirtió en acción y ahí llegó la idea: probaron una receta que encontraron en las redes, y en la cocina de la casa hicieron el primer intento que bastó para encender la chispa: el alfajor empezó a gestarse y tenía el potencial de convertirse en su propio camino laboral.
Con más ganas que recursos, pero con la convicción intacta, Elisandra salió a probar suerte. Llevaba una muestra en la mochila pensada como regalo, pero al llegar al centro de la ciudad decidió dejar el temor de lado e ingresar a un comercio. Le ofreció el producto al encargado, le dejó su contacto y volvió a su casa. La respuesta llegó antes de lo esperado: esa misma tarde recibió su primer pedido por 12 unidades. Fue el impulso inicial de una rueda que ya no se detendría.


El trabajo en equipo y el valor de la identidad
El crecimiento de Patruca tiene como pilar la complementariedad y el esfuerzo compartido. "Jonathan es fundamental, para mí en lo personal y para el proyecto. Él se encarga un poco de la administración, del marketing y muchas veces hace de repartidor", destaca Elisandra sobre la dinámica codo a codo que mantienen para sostener la producción diaria.
El nombre elegido tampoco es fruto del azar. Es un homenaje que conecta el presente con las raíces familiares y rinde tributo a quienes les transmitieron el amor por la cocina. "A mi abuelo le decían 'Patruco'. En honor a él y a mamá le pusimos Patruca, cambiándole la última vocal", relata. Su madre es la gran referente de esa tradición: "Una mujer muy familiera, que pasó toda su vida frente a la mesada y fue repostera en su momento".
Producción constante y el sueño de volar más lejos
La dedicación diaria es total: la elaboración no se detiene ni a la mañana ni a la tarde para cumplir con la demanda de los 14 comercios de Larroque que comercializan el producto. La oferta incluye ocho variedades de alfajores —mantecol, Nutella, dulce de leche, dulce de leche con nuez, banana, menta, Baileys y Bon o Bon— y se completa con una línea de tabletas de chocolate rellenas con sabores a avellana, frambuesa, caramelo y naranja.

Lejos de conformarse con el terreno ganado, los hermanos Pradal ya proyectan llevar sus productos a otras localidades. Sin embargo, el reconocimiento de sus vecinos sigue siendo la mayor satisfacción de este recorrido emprendedor. "Estoy profundamente agradecida con la gente de Larroque y con cada comerciante que nos abrió las puertas. Que un cliente te mande un mensaje contando que le regala un alfajor a su madre o a un amigo resume la esencia de Patruca: el valor de la familia y el gesto de compartir", concluye.




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