



En la paciencia del que sabe medir distancias y alinear a ojo, tenaza en la cintura, el oficio de alambrador parece una ciencia exacta donde se cruzan la fuerza, la inventiva criolla y el apego por las cosas bien hechas. Raúl Latorre tiene 72 años y lleva más de tres décadas haciendo pozos y alambrados en los campos de la región. De andar un poco más pausado que hace unos años pero firme, repasa su trayectoria con la tranquilidad de quien hace rato le encontró la vuelta a un trabajo duro que pocos encaran como se debe.
Esa misma dedicación se respira apenas se cruza el umbral de su galpón. Sobre las paredes de revoque gris, cada herramienta tiene su lugar exacto: morsa de banco, taladros, torno, amoladoras, discos y llaves conviven en un orden impecable. Del techo y los tirantes cuelgan, alineadas prolijamente, piezas de cuero trensado: bozales, cabezadas y sobeos que nacieron de sus manos cuando el tiempo y la lluvia pidieron pausa en el campo y diero paso a la soguería. Ya no se dedica a eso, pero tiene varias cosas que están para la venta.
"Hay que hacer de todo y tener todo a mano y listo para usarse", suele comentar al mostrar ese rincón donde sus herramientas de alambrador y el trabajo artesanal en lonja comparten el mismo espacio de trabajo.
Nacido y criado en Pehuajó, donde trabajó muchos años como "encargado" y luego arreglando molinos, fue incorporando el oficio de alambrador entre otras tantas tareas que se impregnan en la sabiduría diaria como algo más, pero cuando se toma la decisión de hacer algo por cuenta propia, demostró que ese aprendizaje de años lo había formado para prestar un servicio de gran calidad.



“El trabajo, que lo agarre quien lo agarre, pero que lo cobre. Hay que mantener las herramientas, el combustible, darle de comer a la gente y pagar lo que corresponde”, reflexiona, con el sentido común bien plantado. Su oficio cambió con los años: quedó atrás la época en que todo se hacía a pura pala, taladro de pecho y a fuerza de músculo y cintura. Con el tiempo incorporó un taladro motorizado —"este no te deja a pie, mientras ande te da para lo poco y para lo mucho" (se rie), motoperforadoras hidráulicas e inventos propios adaptados a la camioneta para sacar postes viejos con un cable y una llanta.
La manera de hacer pozos representa quizá una de las mejores y más agradecidas evoluciones en el oficio, pero claro, todo llega a su debido tiempo, del trabajo a pala pasó a la hoyadora manual a motor, luego el tractor con la mecha y por último, ese invento que simplicificó todo. Un video de hace un tiempo atrás muestra el aparato en acción.
Lo que no cambió es cómo pisonear la tierra, aunque intentó sin éxito armar un aparato con un martillo hidráulico. Igualmente sabe que la arena, mezclada con agua, le da al poste una firmeza tremenda, pero a no todos los clientes les convence esa variante, que prefieren la tierra o aveces el cemento.
Muestra con orgullo una "california" hecha por él mismo, una "herramienta bárbara" que facilita enormemente la tarea de darle la mejor terminación al trabajo, y que hace que las últimas vueltas del alambre sean una obra de arte al que solo le falta pasarle un paño para sacarle brillo.
El ritmo de la tarea en el campo exige constancia y cálculo. "Levantar mil metros de alambrado "de seis o siete hilos" demanda unos quince días de laburo parejo si el tiempo acompaña, arrancando temprano al despuntar el sol y encarando el atardecer estirando alambre y haciendo ataduras". Latore explica que lo más meticuloso es atillar y estirar: “El atillo tiene unos 32 centímetros; se tuerce en las puntas y se engancha con la tenaza varilla por varilla. Si estirás después de atillar, la varilla se te corre. Hay que estirar todo primero, acomodar el atillo mirando bien la línea y recién ahí ajustar”.

Según su parecer, la tecnología no suplanta al criterio ni al ojo de la experiencia. Descree de las soluciones mágicas que andan dando vueltas en el sector rural: “Hoy te venden el corral de caño armado con pernos, pero donde un toro te pecha la puerta y te tuerce un caño, ya no queda bien. Con la puerta de madera se te rompe una tabla, sacás los bulones, ponés una tabla nueva y te queda nueva”.
Por eso valora cuando aparece un cliente que le pide presupuesto o llevar adelante tareas complejas, como el armado de los corrales, donde uno de los innumerables remates con rienda pueden llevarle más de un mediodía. Ahora tiene que hacer un trabajo importante en la zona de Talitas que le entusiasma y en el que pondrá toda su sabiduría, tiempo y paciencia.
Acompañado por sus nietos para encarar las tiradas más pesadas, Raúl sigue firme en su ley. Mate en mano, rodeado por el aroma al cuero en el orden del galpón con sus herramientas impecables, a la espera que el clima ayude y que el sol le alumbre otra jornada de alambrador.




Inteligencia Artificial y Arquitectura del Deseo: ¿por qué las pantallas capturan nuestras mentes?

Norma Mettler: la científica que investigó los virus del mundo, miró de cerca a la muerte y buscó a Dios en la poesía

Aire frío en camino: el pronóstico prevé un marcado descenso térmico y ráfagas del sudoeste para Larroque

Monseñor Landra, sobre la visita de León XIV a Luján: “Es un regalo para toda la Iglesia argentina”

El tiempo en la provincia: la semana cierra con contraste térmico, lluvias en el sur y preocupación por los excesos hídricos





















Inteligencia Artificial y Arquitectura del Deseo: ¿por qué las pantallas capturan nuestras mentes?


Limpieza de canales: el Municipio avanza con tareas preventivas ante posibles lluvias


A 25 años del 11-S, Sergio Lonardi narra el documental del día que el mundo cambió para siempre





















